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La OFS lleva un concierto de película


La música y el cine son vasos comunicantes. Es complicado imaginarse la magia del cine sin esas bellísimas manipulaciones que se construyen a través de la música. Es esa diegética la que produce un impacto en el espectador: No se puede disasociar la épica de Rocky-aguantando los golpes de Apollo Creed o de Iván Drago- sin la adrenalina de la música que lo empuja a seguir peleando.
Por eso, la Orquesta Filarmónica de Sonora llevó a cabo su concierto de música de películas. Es otra experiencia, una mucho más profunda, el escuchar las piezas icónicas del cine en las manos de los músicos dirigidos por el maestro Héctor Acosta. Una sensibilidad brillante y vibrante acaricia el oído de un público expectante. La música, con la OFS, se vuelve un atajo visual.
Inicia con la epopeya romana del Gladiador, dirigida por Ridley Scott. Nos lleva rápido a esas intrigas palaciegas de la antigua Roma, a la corrupción, sus hirientes premisas hobbianasl hombre como lobo. Máximo está ahí, en los acordes de las notas musicales.
Es imposible escapar de la propuesta del maestro Acosta y la Orquesta: funciona como un hechizo que paraliza. Y es que nos llevan de la mano a un recorrido cargado de nostalgia, de provocaciones de volver a vivir nuestras emociones y sensaciones. De Rocky a Los Cazafantasmas, de la Pantera Rosa a Star Wars. Ahí también inicia el periplo de Jack Sparrow y su búsqueda por el Perla Negra, su particular Moby Dick.
En la película ‘La gran belleza’ (heredera vital de ‘La Dolce vita’ de Fellini), el protagonista menciona que la nostalgia es la trampa más bella de la memoria. Gracias a la OFS, pudimos viajar en el tiempo.