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La Semana Santa cahita, día a día

Por Tonatiuh Castro Silva
Investigador de Culturas Populares en Sonora

 

Miércoles de Tinieblas

El día miércoles de la Semana Santa representa un hecho cultural de gran valor no sólo para la cultura yoeme o yaqui, y yoreme o mayo, sino para el mundo católico, en general. En esta jornada se realiza el evento identificado popularmente como “azote de los fariseos”, que en términos de la liturgia católica se nombra Oficio de Tinieblas. Se trata, originalmente, del rezo más largo del año, que antiguamente llevó a cabo la Iglesia Católica, y que la institución proscribió hace varios siglos.

En este día, Miércoles de Tinieblas, ingresan los últimos fariseos durante la tarde. A partir de las 8 de la noche, se inicia un amplio rezo, que en la vieja Europa se realizaba en los templos, y ocupaba del inicio de la tarde hasta la medianoche, en torno al Tenebrario, al cual se le apagan progresivamente las velas, conforme avanzan el rezo, y la penumbra.

En los sitios ceremoniales yaquis, después del rezo ocurre el azote de los chapayekam, rememorando, en tanto acto litúrgico, aquel que efectuaban al interior del templo religiosos y feligreses. Los “fariseos” se hincan y se despojan de sus máscaras, para ser azotados por las autoridades con sus lazos de cuero, al mismo tiempo que simulan ruidos de animales, lo cual antaño hicieron las naciones europeas, incluyendo en su caso también gritos y vociferaciones. Con este acto, se emula el dolor de la naturaleza ante la muerte terrenal de Dios hijo. Después, también las autoridades se azotan entre sí, turnándose para ello, y las personas comprometidas en cargos se infligen golpes con cinturones. Después de este acto, continúan los rezos, preparando al contingente ritual para la escenificación, de mayor carácter narrativo, que tendrá lugar en los días siguientes.

Jueves Santo

En el mundo católico el Jueves Santo constituye un punto de inflexión, aun dentro del periodo, pues en su transcurso concluye la Cuaresma e inicia el Triduo Pascual. En sí, en esta jornada se conmemora el Lavatorio de pies, la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio (a partir de los hechos de la Última cena), y la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní. Todos estos pasajes y actos tienen lugar en la ritualidad de los pueblos cahitas, en sus propios términos.

En las comunidades yaqui y mayo, el día Jueves Santo se conmemora, de entrada, la persecución de Jesús por Pilatos. En el ritual yaqui, la jornada inicia a las 7:00 a.m. con la persignación de los fariseos o chapayekam, ida por los santos y realización de una misa. Al mediodía se realiza una procesión de todo el contingente ritual. Ambas etnias efectúan la búsqueda de Jesús, que se escenifica mediante un acto denominado “Paseo de la matraca”. Una de las autoridades camina por la ruta de las cruces periféricas, llevando y haciendo sonar una campana de madera, kuta campany o “matraca”. Los fariseos lo acompañan, buscando a Jesús.

Por la tarde se realiza la Corrida del Apóstol, o “correteada del viejito” por el Vía Crucis, dándose por única ocasión la representación de Jesús por una persona, así como la personificación de los Doce Apóstoles.

Posteriormente se representa la Última Cena, en torno a una ramada de álamo erigida frente al templo o ramada-iglesia, que en términos del catolicismo oficial constituye un monumento, que en las comunidades se habrá de edificar y destruir en cada uno de los días Jueves Santo y Viernes de Dolores. En los templos oficiales el monumento no consiste en una estructura de este tipo, adquiere distintas formas con notorio propósito estético, pero simboliza siempre la angustia dolorosa que el Hijo de Dios padeció entre estos días, así como el tiempo que permaneció en el sepulcro. En la representación de la Última Cena, en la usanza tradicional yaqui, se coloca una mesa y se sirve pescado, pan, capirotada, atole de leche, calabazas en dulce, entre otros alimentos.

Al oscurecer ocurre la Aprehensión del Señor. Para escenificar el acto, las autoridades militares y los chapayekas, formados en sus dos filas características, acuden hasta el sitio donde aprehenden a Jesús. Tanto en las comunidades mayo como yaquis se lleva a cabo por la noche una procesión o konti, llevando las imágenes de Jesús y de la Virgen María, concluyendo con ello la jornada del Jueves Santo.

Viernes Santo

El día Viernes Santo representa la jornada de mayor aflicción para los creyentes de la fe católica, y en cuanto a las comunidades cahitas (yaqui y mayo), un motivo de duelo compartido, al escenificarse de forma comunitaria la partida de Dios hijo, implicando ello una culpa no sólo de los personajes que se encarnan, sino de las personas mismas que les representan, siendo en realidad seguidores de Dios, pero que en la circunstancia de la representación, cometen un agravio contra él.

A partir de este día, y hasta el final de la Semana Santa, las autoridades vestirán de luto, predominando el color negro, portando también motivos de colores añadidos en sus prendas, y la parafernalia litúrgica se caracteriza por el uso de negro y morado, cubriendo los objetos litúrgicos, en general. Al iniciar la tarde se realiza la última procesión, culminando con la Crucifixión del Señor. En la conmemoración cahita, Jesús no es representado por una persona, como es usual en las parroquias católicas, cuyos casos emblemáticos en esta tradición son los de Iztapalapa, Ciudad de México, y San Fernando, Filipinas. Un crucifijo de tamaño considerable, de casi dos metros, y que previamente encabezó las procesiones de cada viernes, es el centro del doloroso acto de la ejecución de Cristo, a manos de Pilatos.

Posteriormente, los integrantes de la tropa pasan al templo para persignarse ante el altar, o frente a la ramada-iglesia y el “huerto”, donde se ubica el monumento del catolicismo oficial, para pedir así perdón por haber escenificado la ejecución de la muerte de Jesús, quien yace allí en una “urnia” o urna funeraria. En parejas, hincados y tomados de la mano derecha, los miembros de la tropa militar, despojados de su atuendo militar, máscaras y sombreros, pasan de un área frontal a la “urnia”, distante a varios metros, donde aguarda el contingente, y avanzan y vuelven con lentitud, persignándose en determinados puntos del recorrido con movimientos de cabeza haciendo la señal de la cruz.

Tras la Crucifixión, el cuerpo de Jesucristo ha permanecido en la urna funeraria. En la noche de ese mismo día viernes ocurre la Resurrección del Señor, y en el caso de Hermosillo, tras la última procesión, que se verifica por la noche, entre los fariseos tiene lugar un festejo que carece de formalidad ritual, desplegándose por todo el terreno ceremonial, donde realizan correrías, hacen bromas a los asistentes y tocan instrumentos musicales como guitarra y violín.

Sábado de Gloria

Jornada catártica para las comunidades yaqui y mayo entre los días del Triduo Pascual y de todo el periodo de Cuaresma y Semana Santa, lo representa el Sábado Santo o Sábado de Gloria, que comprende varios de los momentos más emocionantes y, por tanto, de cohesión social.

Por la mañana se realiza el Paseo de Judas, con un muñeco montado en un burro. Los siguientes actos son la Quema de máscaras y el Canto de Gloria. En algún sitio dentro de la circunferencia ritual, aunque nunca ocupando un sitio central, se coloca una estructura de troncos que soportará al Judas en posición erguida, y al montón de máscaras y objetos rituales de la tropa, para que el fuego los destruya, al mismo tiempo que consumirá su identidad impura. Esto sucede casi simultáneamente con la preparación del Canto de Gloria.

En este acto, en tres ocasiones los chapayekam intentarán entrar a la iglesia y llegar hasta el altar, aunque este estará custodiado por las niñas que fungirán como “angelitos”, y fustigarán con ramas a quienes pretendan ingresar. Cada uno de los momentos en que “se abre la Gloria” consiste en que al sonar una campana por parte de las cantoras se despliega un telón, conformado por cortinas que se corren cada una al lado contrario al centro, dejando el espacio central abierto, y los miembros de la tropa rompen sus filas y corren hacia el altar, donde son rechazados; al mismo tiempo, bailan los danzantes de venado y pascolas en el punto de partida del grupo, y los matachines dentro de la iglesia; la gente arroja una mezcla de pétalos de bugambilia y confeti.

Posteriormente, los participantes directos, que fungieron con algún rol ritual como miembros de la tropa, ingresan en su condición de personas comunes, acompañados de su pareja de padrinos, representando un momento orientado a la reconciliación, al pedir perdón a Dios, y agradecer a la vez la oportunidad de haber cumplido la “manda” en ese año.

En celebración de la Resurrección de Jesús, por la tarde inician las danzas tanto en la ramada de los impuros, como en el templo; en la ramada, que respecto a este segundo sitio se ubica en el lado opuesto del terreno ceremonial, hay danzas de venado y pascola –de carácter propio, y origen prehispánico–, y en la iglesia, danza de matachines –de origen europeo. Toda la noche tiene lugar lo que oficialmente se nombra Vigilia Pascual, festejo donde hay danza y música dado que se cumplió la penitencia o parte de ella pero, sobre todo, que se reingresa a la vida ordinaria como seres purificados.

Domingo de Resurrección

El Domingo de Resurrección, o Domingo de Pascua, se celebra el hecho de que, de acuerdo con la creencia católica, tras su Pasión y muerte, Jesús resucitó al tercer día de su Crucifixión. Por una parte, con la denominación Pascua –adaptación del vocablo hebreo pésaj, que significa “paso”–, que se refiere a la antigua celebración judía, que fue el motivo justamente del arribo de Jesús a Jerusalén, que se preparaba para tal fiesta, hecho que le expuso a su destino. Sin embargo, en tanto celebración católica, se le nombra Domingo de Resurrección.

En las comunidades cahitas (yaqui y mayo), desde la noche del Sábado Santo o Sábado de Gloria tiene lugar lo que oficialmente se nombra Vigilia Pascual, festejo donde hay danza y música de pascola, venado y matachines, en celebración del cumplimiento de la penitencia de los participantes, o parte de tal sacrificio pero, sobre todo, que se reingresa a la vida ordinaria como seres purificados, en tanto que así como Jesús resucita, quienes participaron en los rituales adquieren de nuevo su condición terrenal, tras purgar sus pecados.

En esta jornada, nombrada también “Gloria chica” en las comunidades, se escenifica la “corrida de los santos” tanto entre yaquis como en las comunidades mayo, cuando se cargan en desfile ceremonial las imágenes de la Virgen María, María Magdalena y San Juan, en festejo de la Resurrección de Jesús. Después, todos los participantes hacen una procesión hasta la iglesia, donde tendrá lugar el último rezo. El maejto yowe o maestro de iglesia agradece a todos su participación y los incita a que dediquen su vida a Jesús. En los grupos rituales de Hermosillo el discurso de despedida suele correr a cargo del Pilato o de la principal autoridad militar tradicional.

En términos sociales, con la conclusión del periodo temporal extraordinario de la Cuaresma y Semana Santa, el mando del gobierno, que ha sido ejercido por la tropa militar, vuelve a las autoridades políticas de las comunidades.