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La Casa Gruning, hogar de los Hoeffer

Tonatiuh Castro Silva

Expresando un estilo de vida que se pretendía moderno, durante el Porfiriato la arquitectura en todos sus ámbitos fue renovada en la vastedad del territorio nacional, comprendiendo la arquitectura habitacional, desde la rural y popular, hasta la urbana y residencial. En Sonora, de la misma forma se materializó de manera profusa el “afrancesamiento” en la imagen de sus asentamientos.

La historia del edificio ocupado por el Museo de Culturas Populares e Indígenas de Sonora, en Hermosillo, antaño identificado por la sociedad local como “Casa Hoeffer”, se relaciona en su origen con dos empresarios alemanes avecindados en la ciudad a fines del siglo XIX.

En el año de 1893 se estableció en Hermosillo el alemán George Gruning, quien formó familia con Lolita Monteverde. Por otra parte, en el año de 1894, el Dr. Alberto Hoeffer visitó Hermosillo, proveniente de Estados Unidos. Al año siguiente contrajo matrimonio en esta ciudad con Genoveva Fierro, joven originaria de Choix, Sinaloa.

Alberto Hoeffer Van Dick nació en Brick, un suburbio de Köln (Colonia), Alemania, en 1871. Estudió medicina en la Universidad de Denver, Colorado, Estados Unidos, realizando su servicio social durante un año en Clifton, Arizona.

Se considera que fue en el año de 1895 cuando Gruning y Hoeffer se conocieron, y acordaron asociarse para dedicarse a la industria cervecera. A partir de entonces, ambos realizaron varios viajes a San Francisco, California, con la finalidad de contratar a un arquitecto, mecánicos alemanes e instaladores de maquinaria.

El 22 de septiembre de 1897 se constituyó legalmente la empresa Cervecería de Sonora, ante el Notario Público No. 1, teniendo como socio mayoritario a George Gruning, siendo también propietarios el Dr. Hoeffer, el neoyorquino Jacob Schuele –inventor de maquinaria productora de hielo–, Gustavo Torres, Felizardo Verdugo y Victor Aguilar.

Este último era propietario del terreno en el que se construyó la cervecería, que era ocupado hasta entonces por una fábrica de hielo, en la colonia Centenario. Hacia 1910, Alberto Hoeffer se convirtió en único propietario de la cervecería.

Casa Hoeffer Culturas Populares

En cuanto a la casa-habitación, años antes, en 1904, al frente del inmueble industrial, George Gruning construyó su casa, encomendando la labor al ingeniero Plutarco Díaz. El edificio se construyó de dos plantas, y de estilo neoclásico o “afrancesado”. En la fachada sobresalen los balcones de las habitaciones, formando dos pares en cuanto a las recámaras más grandes, y con un solo balcón las más reducidas. Los barandales de los balcones son de herrería artística, la cual se puede observar también en las ventanas del doble portón de la entrada, así como en el frontón circular de medio punto que se ubica sobre este. La serie de elementos que definen al orden neoclásico fueron plasmados en la fachada e interiores, así, en su vista se identifican arquitrabe, moldura dentada, cornisa, balaustrada y ornamentos propios de ese estilo, así como columnas y arcos del zaguán y pasillos de las plantas baja y alta. Diversos materiales empleados en su construcción fueron importados: el mosaico de la planta baja provino de España, la madera de la viguería procedió de Canadá, y los plafones metálicos del interior de las habitaciones fueron importados de Alemania.

Es probable que Alberto Hoeffer haya comprado la residencia en la misma época en que adquirió a plenitud la cervecería, convirtiéndose así en la casa de su familia por varias décadas.

En el transcurso del siglo XX la residencia fue transformada en cuanto a la composición espacial, ampliándose hasta la casa vecina, y modificando así una parte del espacio original. Sin embargo, su fachada es plenamente la original. En su primera composición, la casa contaba con cinco habitaciones en la planta baja, y la misma cantidad en la planta alta. En la baja se encontraba además el zaguán o pasillo de entrada, una sala, una cocina separada del edificio y un gran patio. En este, a lo largo de las décadas hubo distintas instalaciones, como un invernadero y una alberca.

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La casa contigua a la residencia, de un estilo similar, aunque de una menor dimensión, fue adquirida por los Hoeffer, sin requerir intervención en la integración de la fachada. En el interior, a la vez que fue necesario realizar leves adaptaciones –como alinear el muro interior de las habitaciones, paralelo a la fachada, colindante con el pasillo/terraza de la planta alta–, la ampliación permitió crear la sala y su escalera, tan características de la residencia. En este espacio no fue posible la alineación, siendo evidente la discontinuidad entre los muros, forzados a constituir uno solo.

Aun cuando el edificio es indudablemente perteneciente al universo de residencias afrancesadas de la época, tiene al igual que la mayoría de las casas de todos los niveles socioeconómicos de la región una peculiaridad que constituye una reserva respecto a los cambios espaciales propios del neoclásico, derivados de los cambios culturales y familiares; un rasgo de este orden, en su versión doméstica, fue la aparición de valores como la intimidad personal y la privacidad familiar, por lo que, en cuanto a las viviendas construidas en el mundo y en otras regiones de México bajo este estilo, fue notoria la desaparición del patio interior con carácter central, y a la vez, el repliegue de las habitaciones hacia el fondo de la planta, o hacia la segunda si era de dos; la aparición de la sala y de la estancia, disponiéndolas de manera directa desde el acceso, así como de los baños de forma integrada a la casa; la aparición del jardín frontal, así como de los pasillos laterales, procurando el distanciamiento respecto a la vía pública.

En cambio, la Casa Gruning-Hoeffer muestra la permanencia de ciertos valores tradicionalistas en su conjunto espacial: cuenta con un patio central, el cual no sólo era de uso de la familia, sino también de los empleados domésticos y trabajadores de la cervecería; se dice que prácticamente todo hermosillense conocía dicho patio, y que muchos niños llegaron a jugar en él. En contraste, pero mostrando igualmente su vocación de casa de “puertas abiertas”, la residencia también fue visitada por personalidades internacionales, como John Wayne y Frank Sinatra, quienes llegaron a asistir a fiestas ofrecidas por los Hoeffer en la primera mitad y mediados del siglo XX.

En el año de 1958 la cervecería fue vendida a un consorcio cervecero nacional. Para la época, la fábrica contaba con un sindicato, el cual realizó una huelga que determinó el cierre de la planta en octubre de 1969.

El edificio de la cervecería, de mayores dimensiones y esplendor que la residencia, tuvo temporadas de abandono, así como distintos usos. Uno de ellos fue como Restaurante Las Palmas, en sus últimos años. Finalmente, fue demolido en el año de 1985, dando lugar a una plaza que formaba conjunto con el Palacio Administrativo del gobierno estatal, y que aunque nunca tuvo un nombre oficial, albergó un monumento dedicado a Benito Juárez en el periodo gubernamental de Eduardo Bours.

Al dejar de ser casa-habitación de la familia Hoeffer, la residencia pasó a ser propiedad del gobierno estatal. Eventualmente se le usó como espacio de oficinas, pero hacia la década de 1990 el edificio se encontraba abandonado, y en deplorable estado material.

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El día 15 de octubre de 1997 reabrió sus fuertes, añejas y ya restauradas puertas la casa Hoeffer, renombrada y reconceptualizada como Museo de Culturas Populares e Indígenas de Sonora. En años anteriores, la Unidad Regional Sonora de la Dirección General de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) propuso tanto a la propia Dirección General y a la Presidencia del CONACULTA, como al gobierno estatal, la creación de un espacio que enriqueciera la labor de la Unidad Regional, cuyas actividades habían iniciado en 1983.

El edificio fue restaurado de acuerdo con un proyecto de un despacho privado, con la asesoría e intervención técnica del Instituto Nacional de Antropología e Historia principalmente, corriendo a cargo de la federación el soporte financiero, con participación de la autoridad local. Para su funcionamiento inicial fue entregado en comodato a la Dirección General de Culturas Populares del CONACULTA (actualmente Secretaría de Cultura). Posteriormente, el Instituto Sonorense de Cultura asumió la coordinación operativa tanto del museo como de la Unidad Regional de Culturas Populares.

El museo está concebido como un espacio de exposiciones temporales, para la presentación y revaloración de la diversidad cultural de Sonora, de México y del mundo.