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El cuerpo como metáfora


Tres cuerpos de mujeres se presentan ante un auditorio. Dos se proyectan en video y el tercero en un performance en vivo. El ocaso de la tarde ha llegado, los colores naranjas y violetas, típicos de Sonora han entrado en el juego. Estamos a punto de iniciar un viaje donde el cuerpo (cuerpo como vehiculo, cuerpo como concepto, cuerpo como hilo conductor) se erige como protagonista de un diálogo necesario y escabroso.
El arte tiene como obligación el provocar. Provocar sensaciones, sentimientos, ideas y pensamientos, incomodidades. El arte es un espejo que refleja cosas que ni siquiera sabíamos que estaban ahí. Melanie Robles con su obra “Sequía” (video-danza), Janine Espinoza con “Mi cuerpo como primer territorio” y Miranda García con su performance “Sucediendo adentro” (Danza), fueron las encargadas de este paisaje repleto de movimiento, de dominio del cuerpo, de reflexiones visuales y auditivas. El evento se llevó a cabo en Andamios Teatro y las tres artistas forman parte de los apoyos PECDA.
Con Sequía, de Melanie Robles, asistimos a una obra de factura visual notable, donde el cuerpo y los diversos ecosistemas funcionan como una metáfora esquiva, los ciclos que se repiten, la duplicidad de los cuerpos-de Melanie- que van encarnando en el desierto. La sequía y las heridas en la tierra y en el cuerpo que se van generando para luego volver a florecer.
“Mi cuerpo como primer territorio” de Janine Espinoza propone un diálogo. Buscar habitar el propio cuerpo, ya no como mapa, sino recorrerlo como territorio. El video-danza pasa de ambientes bucólicos y abiertos, con ella en un vestido blanco y tomas muy luminosas, a ambientes cerrados, estridentes, con ropa de cuero, trasfondos rojos y una música estrambótica para terminar en una playa, en una toma subjetiva, con ella hundiéndose en la inmensidad del mar. Caminando y desapareciendo, como una Alfonsina Storni caminando hacia el Mar de Plata.
Es el resaltar la Interocepción, que significa, literalmente, «percepción interna» del cuerpo. Es la capacidad para conectarnos con las diferentes sensaciones internas, para “escuchar” nuestro cuerpo.
Finalmente, la obra de Miranda García. Bella e incómoda, como un oxímoron imposible de pasar por alto. El dominio estricto del cuerpo de Miranda contrasta con la sensibilidad que demuestra. A las poses extrañas, antinaturales y por decir algo, oníricas, se le suma el uso de la voz que profundiza en esa lucha por comunicar. Sonidos guturales que retumban y dan vulnerabilidad. Hay algo más ahí. Es el performance de un diálogo que sucede en otro plano.
En palabras de Miranda:”Inicié con este proyecto queriendo hacer un diálogo con el miedo, conforme iba explorando, realmente le estaba hablando a la intuición. La intuición ha sido contaminado por el patriarcado y la heteronormatividad, todo esto sucede en un sueño, y cómo nace esta monstrua, se emociona porque piensa que ahí, en ese mundo onírico, si va a poder ser escuchada. Hay todo un sistema que valida tu intuición, nosotras como mujeres batallamos para escuchar a nuestra intuición. Quise hacer primero todo el personaje y luego el movimiento. En la investigación me apoyé en tres mujeres, una psicóloga, una socióloga y una historiadora y así el personaje tuvo otro peso”