• Instituto Sonorense de Cultura

  • 01 (662) 212 6570 y 01 (662) 212 6572
  • culturasonora@isc.gob.mx

Jaramar y la odisea de las voces


Por José Manuel Ávalos

En el Callejón del Templo sonaron canciones viajeras, líricas que antes de llegar a nuestro sitio trotaron por tierras, zarparon las aguas con rumbo hacia diferentes destinos y a través del aire, pudieron volar largas distancias. Con Jaramar en el Festival Alfonso Ortiz Tirado 2022 no solo fuimos parte de las odiseas, sino que al escuchar y sentir sus melodías, nos convertimos de cierta manera en todas las naves del mundo.

Vivir la vida en música es un viaje. Las canciones se trasladan durante los siglos, cruzando fronteras y muros, dijo Jaramar Soto, quien en compañía de la percusión, requinto, bajo y un lánguido violín, liberó su voz por entre los arcos contiguos al templo, esparciéndola gozosa a lo largo y ancho del poblado.

Las letras que entonó la ganadora del Latin Grammy 2016 tienen su origen en diversos puntos del globo, y citando sus palabras: “incluso desde España, antes de las carabelas, estas líricas que son poesía, y como nosotros son un mestizaje, resultan en una pasión particular como la de los mexicanos, donde al final explotan y generan nuestra vida e identidad”.

El acto de Jaramar tuvo su cierre cuando la brisa nocturna se posó en los hombros de los presentes. Ya los adoquines y empedrados solo rumiaban los ecos de su voz. Acaso un segundo volvió el calor cuando la cantante brindó con bacanora y exhaló el sentir de la tierra sonorense. Sonrisa, presencia escénica, danza de encanto, Jaramar después de todo nos convirtió en náufragos, tras dar fin al viaje que creímos perpetuo, dejándonos a mar abierto, como viven todas las naves del mundo.

En el Callejón del Templo sonaron canciones viajeras, líricas que antes de llegar a nuestro sitio trotaron por tierras, zarparon las aguas con rumbo hacia diferentes destinos y a través del aire, pudieron volar largas distancias. Con Jaramar en el Festival Alfonso Ortiz Tirado 2022 no solo fuimos parte de las odiseas, sino que al escuchar y sentir sus melodías, nos convertimos de cierta manera en todas las naves del mundo.

Vivir la vida en música es un viaje. Las canciones se trasladan durante los siglos, cruzando fronteras y muros, dijo Jaramar Soto, quien en compañía de la percusión, requinto, bajo y un lánguido violín, liberó su voz por entre los arcos contiguos al templo, esparciéndola gozosa a lo largo y ancho del poblado.

Las letras que entonó la ganadora del Latin Grammy 2016 tienen su origen en diversos puntos del globo, y citando sus palabras: “incluso desde España, antes de las carabelas, estas líricas que son poesía, y como nosotros son un mestizaje, resultan en una pasión particular como la de los mexicanos, donde al final explotan y generan nuestra vida e identidad”.

El acto de Jaramar tuvo su cierre cuando la brisa nocturna se posó en los hombros de los presentes. Ya los adoquines y empedrados solo rumiaban los ecos de su voz. Acaso un segundo volvió el calor cuando la cantante brindó con bacanora y exhaló el sentir de la tierra sonorense. Sonrisa, presencia escénica, danza de encanto, Jaramar después de todo nos convirtió en náufragos, tras dar fin al viaje que creímos perpetuo, dejándonos a mar abierto, como viven todas las naves del mundo.