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Una noche con el ISC: Reapertura de la Sala del Arte del ISC con exposición Cartografía del arte sonorense.


La directora del Instituto Sonorense de Cultura enfatizó su compromiso a seguir abriendo espacios culturales para todos los sonorenses.

Hermosillo, Sonora a 24 de noviembre de 2021.- La reapertura de la Sala del Arte del Instituto Sonorense de Cultura (ISC) fue un éxito: Fue hogar de la exposición “Cartografía del arte sonorense” que engloba el trabajo de 16 artistas sonorenses nacidos en las décadas de 1970 y 1990 y que representan una nueva generación.

Es un punto de partida simbólico que funciona a dos vías: Significa la política de puertas abiertas instaurada por esta administración y un recorrido profundo por el panorama actual del arte sonorense.

La maestra Beatriz Aldaco Encinas, directora general del ISC, recalcó su compromiso para democratizar la cultura y abrir los espacios a todo el público, ya que la cultura es el motor de la transformación social.

“Buscamos la forma de rehabilitar este espacio (Sala del Arte del ISC) como lo amerita este edificio tan emblemático y tan hermoso que es de todos los sonorenses. Después de la pandemia el espacio estuvo inactivo y todos nos pusimos las pilas para rehabilitarlo”, explicó Aldaco Encinas.

Por su parte, Octavio Avendaño, coordinador de Artes Visuales del Instituto, y curador de la exposición, explicó que la exposición devela las preocupaciones del sujeto artístico, porque un artista no se reduce a la pulcritud técnica de sus trazos, sino que es un profeta de su tiempo que obliga a reflexionar sobre lo que ocurre.

“Qué mejor que abrir con una generación de artistas jóvenes, artistas que son sensibles al momento social, político. Se llama Cartografía porque desde la coordinación de Artes Visuales vamos a trazar una serie de rutas de qué es el arte sonorense, hacia dónde va, porque Sonora siempre se ha distinguido por ser cuna de grandes artistas”, reveló Avendaño.

De paisajes didácticos a revoluciones de la otredad

Una exposición colectiva es una invitación a viajar a universos distintos de una obra a otra. A veces, de forma violenta, otras de una forma más pausada. En “Cartografía del arte sonorense” asistimos a 16 obras que reflejan las inquietudes, los cuerpos discursivos, las subjetividades radicales de cada uno de los artistas exponentes. De ese retrato bucólico de trazos fijos y que se sospecha una historia riquísima de “La Tejedora” de Zulema Burgos (óleo sobre tela) a “Seaghán” (Fotografía digital) que vibra en torno a los límites de lo post-humano de Shon-Aran.

La obra “Simbiosis” de Marlén Loss, una obra que remite al origen del universo, con células-moléculas-gotas de agua que expresan y encierran una fase experimental por la que pasa la artista.

O el paisaje textil, sensorial a través del tacto: “Espectro de un desierto”, de Enrique Monreal, una obra rebelde, según su propio artista, y que busca que a través del tacto se revele un paisaje. El color negro, las texturas formadas por el acrílico y los distintos materiales (de metal a piedras) componen una pieza rica en composición, didáctica, interactiva, como si se estuviera en un espacio relacional al que sólo se accede desde el tacto.

También hay obras profundamente autobiográficas, como “Bebé” de Melissa Campa, un ensayo gráfico sobre la maternidad que fue empezada hace 8 años y que con sus trazos nos lleva a ese camino complejo pero gratificante de la maternidad a través de los ojos de la propia artista.

La obra de Damaris Bojórquez “Relación sentimental sin relación artística” (Óleo sobre tela), es un retrato de una composición limpia, llena de una melancolía orgánica que explora y subvierte la mirada histórica del arte: Un desnudo masculino, visto desde la mirada femenina-y feminista- de Damaris: Porque los desnudos en la historia del arte han sido dominados por la visión del hombre-los efectos patriarcales- y en “Relación sentimental sin relación artística”, se encuentra esta mirada que busca ese cambio de paradigma, la mutación del protagonismo del sujeto artístico: Es su mirada la que relata, retrata y plasma la desnudez del hombre.

También hay espacio para representaciones más abstractas, como “Solo una vez” de Delma Garza, una obra gestada en la pandemia y que busca capturar ese momento efímero de belleza. Encapasulados en un mundo hipertecnificado y en esa sociedad del cansancio que relató Byung Chul-Han, Delma exploró durante la pandemia, en primer lugar a sí misma, y en segundo, esa belleza que rodea: Las maravillas de la naturaleza que hemos dado por sentado y que hemos convertido en escenografías de sitcoms, perdiendo nuestra capacidad de asombro.

Lo cierto es que “Cartografía del arte sonorense” logra su cometido: El espectador entra a cada uno de los mundos propuestos por sus artistas y por la maravillosa selección de Octavio Avendaño y encuentra diálogos infinitos que orillan a la reflexión.