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Contrastados relámpagos de la memoria

Contrastados relámpagos de la memoria

Por Juan Carlos Araujo Boyce | 24 nov, 2019*

Memorias de un general es una versión escénica unipersonal, adaptada por el también director y actor Dettmar Yañez, de la novela Los relámpagos de agosto, ganadora del Premio Casa de las Américas en 1964. En esta versión se respeta en buena medida la satírica narración de Jorge Ibargüengoitia de las peripecias de un puñado de oportunistas de nuestra escena política durante la rebelión armada, desde la perspectiva del general José Guadalupe Arroyo. Esto implica la inclusión de cantidad de vericuetos y una plétora de personajes que dificultan el seguimiento de la línea argumental con la presencia de un solo actor.

La obra comienza con una imaginativa entrada de Yañez en el personaje del general, quien fuera por unas horas, secretario del presidente Vidal Sánchez: con un paso lento, efectivo en la proyección de su sombra en la pared en el arco del proscenio. En adelante, solo en ese inmenso escenario, Dettmar se transformará en múltiples identidades y situaciones con un puñado de recursos, como una pantalla al fondo en la que se va ilustrando la narrativa con dibujos que parecen trazados con gis blanco sobre fondo negro, en un juego de transiciones y deformaciones que enfatizan la farsa. Un fino y bello recurso visual que nos lleva al interior de un vagón de tren, a la sala presidencial o a la característica imagen de la icónica cinta Viaje a la luna de Georges Méliès.

Otros medios para fortalecer la farsa son la voz caricaturizada del otro lado de la línea del teléfono, que si bien hay muchas llamadas, solo se utiliza una sola vez, o el juego con una escalera común que evoca un ataúd, un podio o hasta un cañón. La mayor fortaleza del difícil reto de adaptar Los relámpagos de agosto está en la fuerte presencia de Yañez, su intuición sobresaliente para la comicidad, su buen manejo de voz y capacidad para manipular las expectativas del público. Momentos en que brillan especialmente esos talentos son el uso de la gorra que colocada de manera convencional funciona para encarnar el rango de un general y al posarse con la visera hacia la nuca remite a un soldado raso; la utilización de los lentes que convocan la identidad del candidato Juan Valdivia o la agudización del tono de voz para referir una mujer aterrada por el supuesto ataque militar. Un momento especialmente logrado se da cuando Arroyo llama al presidente Vidal Sánchez y un intermediario lo atiende. La espera a que llegue Vidal al auricular se prolonga de un modo que provoca las carcajadas de los espectadores y abre un mundo de sutilezas. La pausa se interrumpe en el momento preciso.

“Lo que menos importa es la memoria” es la frase que cae al final de la obra ganadora de la Muestra Regional de Teatro Zona Noroeste. Si bien, tras ver el montaje, al espectador no le ha quedado claro quién, cómo y cuándo pasó la historia de la Revolución Mexicana, sí ha comprendido la flagrante ineptitud y corrupción de la política posrevolucionaria. Oscuro queda por qué inserta al final la swástica nazi, la imagen del hongo que forma la bomba atómica al estallar, las referencias al huachicol y otras citas contemporáneas que suenan más a un truco, a un efecto, que a un apunte significativo. Esas referencias sobran si lo que se quiere es recordarnos que la corrupción de ahora es igual o peor que la de antes. Dettmar Yañez, con los altibajos en su adaptación, nos recuerda algo esencial: el olvido es el principio para una incesante repetición de los errores de nuestra historia.

Texto publicado en el sitio: https://www.muestranacionaldeteatro.com.mx/memorias-de-un-general/, sobre la puesta de escena de Sonora, seleccionada para representar a la zona noroeste en la Muestra Nacional de Teatro 2019.