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MARGARITA OROPEZA IN MEMORIAM

MARGARITA OROPEZA IN MEMORIAM

Después de la Montaña
Margarita Oropeza
Feria del Libro Hermosillo 2019

Por Ignacio Mondaca Romero

Antes que nada quiero ofrecer una disculpa a la familia de Margarita Oropeza por no poder participar presencialmente en la presentación de este libro. Razones familiares me mantienen fuera de la ciudad. Extiendo esta disculpa también a los organizadores de la Feria del Libro y, desde luego, a todos los presentes.

MARGARITA OROPEZA IN MEMORIAM
Conocí a Margarita Oropeza en el vestíbulo de la recepción del periódico El Imparcial a finales del año 2001. Ella dirigía entonces la revista cultural Perfiles que publicaba ese diario los domingos. Yo acababa de regresar a Hermosillo después de una larga ausencia de 25 años. Llevaba conmigo un fajo de textos que había publicado los años previos en Baja California donde los vientos me habían avecindado por catorce años.
Llegó con una sonrisa tan amplia como su garbosa estatura y dialogamos por unos minutos. “¿Quieres publicar?, me dijo, ¿qué escribes?”
El siguiente domingo, cerca de la Navidad, apareció el cuento que le había entregado. “Un milagro olvidado” fue el título que editó de su propia cosecha. De alguna manera me sentía bendecido por el aura alegre que transmitía la escritora apenas cruzabas palabra con ella. Fue esa mi primera publicación en Sonora.
Un par de años después, un grupo de escritores se detuvo en un café de Hermosillo a planear la creación de una organización gremial de poetas y narradores. En 2003 nació Escritores de Sonora, A. C. (ESAC) y, en 2004, el Festival de la Palabra gracias a las iniciativas finalmente coincidentes de Ernesto García Núñez, Esteban Domínguez, Emilio Robles, Margarita Oropeza, ademas de colegas como Alba Brenda Méndez, Gloria del Yaqui, Pancho González, José Luis Barragán y Fortino Corral, entre otros.
2006 me unió a Margarita venturosamente pues ese año formamos parte de la nueva mesa directiva de Escritores de Sonora, responsabilidades que se proyectaron hasta 2010. La trinchera no era propiamente cómoda y teníamos que batallar para sacar adelante los propósitos y buenos deseos que sobreviven en el ideario de ESAC.
Como la política es una damisela de vida, digamos, alegre, en 2009 el PAN obtuvo la gubernatura de Sonora y sus cuadros dirigentes, entre los que figuraba la siempre crítica y militante Margarita Oropeza, tomaron la primera fila.
Como Directora General de Bibliotecas y Museos del Instituto Sonorense de Cultura, la autora de “Después de la Montaña” me invitó a colaborar en la encomienda de las letras y los libros, ahora desde la palestra de la vida pública. No dudé en aceptar: Su récord incorruptible, su trayectoria literaria y su voluntad democrática no son cosa de ignorarse.
Para muchos resulte quizá desconocida la carrera política y la dedicación democrática de Margarita Oropeza. Baste quizá un botón de muestra para reconocer esa vocación que la distinguía.
En 1967, temprano recordatorio de la batalla de los sonorenses por sus aspiraciones democráticas, el ejército irrumpió en el campus de la Universidad de Sonora en su intento por sofocar la oposición generalizada contra la imposición del candidato oficioso Faustino Félix Serna a la gubernatura del estado, del antropomórfico Gustavo Díaz Ordaz.
La tarde infausta en que los estudiantes fueron desalojados de la Universidad bajo la amenaza de las bayonetas, Margarita Oropeza y un grupo de mujeres estudiantes luchadoras abandonaban el campus entonando el Himno Universitario con lágrimas en sus mejillas. Las fotografías de aquel momento son ahora legendarias.
Vale la pena recordar estas páginas de nuestra historia pues algunas personas suponen que la presencia femenina en los acontecimientos álgidos comenzó en el año 2000.

Pero vayamos al tema que nos ocupa:

Después de la montaño es la primera novela de nuestra autora. Fue publicada en 1990 y muy pronto fue incluida por su temática en la currícula de Literatura Chicana en la Arizona State University).

La novela como género literario no pretende reflejar la realidad. Como un objeto de arte, la novela parte de la realidad pero nos entrega otra realidad, esa que ha pasado por el filtro de la autora, quien rescata en primer término las vivencias y emociones de los personajes que nos presenta.

Miguel Méndez, uno de los precursores de la llamada “literatura chicana” se encargó de redactar el prólogo de la novela y no desperdició el momento para recalcar que el personaje central en este relato de migración es un personaje femenino visto en todo momento desde una perspectiva específica de género.

En este sentido debemos situar a Margarita Oropeza como parte de una tradición literaria en la que debemos nombrar a Rosario Castellanos, Nellie Campobello, Emma Dolujanof, Armida de la Vara y un puñado de mujeres escritoras que desafiaron el canon impuesto por la inercia de un universo escritural dominado por varones. Repujaron así su propia escritura, su propio sentido de observar y absorber el mundo, su naturaleza vuelta palabra impresa. Literatura creada desde otras pestanas y otros desvelos.

El relato recoge las vicisitudes de Adelaida Quintero, una mujer originaria de Jalisco que ve en los Estados Unidos (“el Norte”) la posibilidad de abandonar una vida de escasez y pobreza en su patria. Adelaida pasa la frontera no en el mítico cruce del Rio Bravo, sino a través de la aduana de Tijuana. Lleva su pasaporte y miente señalando al agente fronterizo que va “de compras”. Su primo Anselmo ha de conducirla hasta Los Ángeles donde ha de reiniciar una nueva vida.

Cito a Margarita:

“Abraza Adelaida su bolsa, junta sus pies, trata de sentirse bien y luego se da cuenta de que le comenzó un nuevo tipo de miedo, distinto del que tenía mientras llegaba a la línea. Ahora deveras está en otro mundo. Esto es el Norte, Adelaida, se dice, y no es el sueño que tenías desde los dieciséis años, ahora es cierto. Aquí a trabajar, aprender inglés, cuidarse de la migra, y el corazón se le aprieta y lo siente chiquito; presiente detrás de esas casas iguales, de los muchísimos anuncios, entre el ruido de los motores, las jornadas brutales que le esperan y la desolación de tener que vivir en una realidad desconocida. Entonces siente un estremecimiento, al mismo tiempo que le dice Anselmo: ya casi estamos en hom¸ Ady. ”

La autora comienza así a dosificarnos este lenguaje propio del migrante que será una constante a lo largo de la historia; esta mezcla de lenguas que da origen al llamado spanglish o pochismo, y que caracteriza a un segmento de la población mexicana que vive en los Estados Unidos.

Uno de los recursos literarios que utiliza Oropeza con maestría en el curso del relato es la mirada retrospectiva, el recuento del pasado en capsulas que en el género cinematográfico identificamos como flashback.

El Flashback, la mirada retrospectiva de quien narra, asoma a un universo del pasado para aderezar el relato, para ofrecer al lector aquellos episodios que no son parte de esta historia, sino fragmentos de la memoria, estampas que van bordando bordan el imaginario de Adelaida, el imaginario de un pueblo afectado por la epidemia de la emigración.

Cito:

“Camina despacio y a trancos largos. Qué ganas de irme de esta ciudad que no se acaba nunca. Los trancos largos la sumen en un caminar por la calle empedrada, por el pueblo untado en la sierra verde; siguiendo a su hermano Juan, el mayor, enfurruñado, mudo, con los ojos de búho muy abiertos. Ella siguiéndolo porque iba para la escuela, los dos todavía sintiendo los gritos de su padre y el tío Teodoro retemblando en la cocina: agarra la tierra, Feliciano; no la friegues… el que agarra lo que no es suyo, es un ladrón… pero padre, dijo Juan, es un decreto, nadie le puede reclamar, hágalo por mi madre y los muchachos… tú cállate, muchacho cabrón, nomás andas ahí de alborotado con la gente…”

Adelaida, Anselmo, Gregorio, Juan, Santiago, Mercedes, la tía Irene, Feliciano, Tobías y otros personajes dan vida a Después de la montaña. Su interacción, su habla, su forma de ver el mundo y adaptarse a un estilo de vida que les es ajeno va poblando los capítulos de la novela de manera inteligente y entretenida. El choque de culturas, siempre presente en la narración, va delineando el deseo de un futuro promisorio y la recreación de un pasado que tiende a disolverse pero que no puede ni debe olvidarse.
El viaje como redención, el drama del exilio involuntario y la migración como deseo insatisfecho de liberación dan cuerpo a una novela que fue escrita hace tres décadas pero que ahora refresca la memoria colectiva.

Después de la montaña es una obra que se encontraba agotada desde hace por lo menos 20 años. Hablamos de una novela de lectura obligada que ofrece una perspectiva recargada para los lectores de nuestro presente. Su reedición es sin duda un gran acierto.

Con Después de la montaña nos encontramos ante un clásico de la literatura sonorense que merecidamente vuelve para encontrarse con antiguos y nuevos lectores.
Que mejor manera de homenajear a Margarita Oropeza.

Muchas gracias.

*Texto del escritor Ignacio Mondaca, Presidente de Escritores de Sonora AC, leído por la escritora Sylvia Manríquez, durante la presentación del libro “Después de la montaña”, de Margarita Oropeza, el lunes 28 de octubre de 2019 a las 20:00 horas en el Palacio de Gobierno; como parte de la Feria del Libro Hermosillo 2019.