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PACMYC, vivificando la presencia del México profundo

PACMYC, vivificando la presencia del México profundo

Por Tonatiuh Castro Silva

En el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC) confluyen la tradición y la modernidad, la costumbre y lo emergente; se impulsa la preservación de las expresiones culturales ancestrales, pero también se incentivan las manifestaciones novedosas de la comunidad, teniendo en todos los casos el mismo propósito, apuntalar los elementos culturales que nos brindan identidad.

 

Fundamentos de una visión profunda de la promoción cultural

Con la creación en 1989 del PACMYC, en el marco de la Dirección General de Culturas Populares, un magnífico equipo de profesionales de la cultura de nuestro país, encabezado por el antropólogo Guillermo Bonfil Batalla, sentó tres importantes precedentes nacionales: a) uno referente a las culturas originarias; b) otro al sector mestizo y urbano –bastante genérico, en realidad–; y c) otro referente al beneficio brindado a la política cultural en general y, así, a la ciudadanía en su conjunto.

Tanto la cultura tradicional, como la emergente y contemporánea de los pueblos originarios, adquirieron mediante el Pacmyc un vehículo de impulso, diferenciado de programas previos, pertenecientes a otras instituciones del estado mexicano, como el Instituto Nacional Indigenista, la Secretaría de Educación Pública, y hacia la década de 1970 en particular, la Dirección de Artes Popular, así como a los de dependencias estatales y municipales, cuyas acciones se enmarcan en lo que bien conocemos como “indigenismo posrevolucionario”. Si bien Culturas Populares se creó a partir de la Dirección de Arte Popular, constituye un punto de inflexión en la labor del estado en atención a las etnias del país.

El PACMYC ha permitido a artesanos, ritualistas, fiesteros, artistas, gestores culturales y líderes comunitarios, no sólo de los pueblos originarios, sino también pertenecientes al amplio sector mestizo, tanto rural como urbano,  tomar en sus manos las distintas fases que se requieren para resolver la problemática cultural de las regiones y de la nación.

En cuanto al tercer rubro, se consideró que la concesión indiscriminada de recursos, también llamada “paternalismo”, debía ser superada, y que esto sólo sería posible de una forma radical: otorgando recursos directamente a aquellos integrantes de los pueblos que fuesen gestores y generadores de la cultura, pero teniendo estrategias claras para su aplicación en beneficio de la comunidad, y un compromiso asumido, compartido y documentado. Mediante el PACMYC se impulsó la ciudadanización de la cultura, que comenzó a caracterizar a las políticas públicas orientadas a la educación y a la cultura hacia la década de 1990, al masificar los apoyos financieros para proyectos culturales, pero ciudadanizando también los procedimientos de dictaminación y selección de los mismos.

Primeramente, todo proyecto debe indicar cuál sería su relevancia, lo cual implica la elaboración de un diagnóstico de la problemática cultural local y específica; en segundo término, los responsables de proyecto, ante esa visión crítica, deben proponen actividades específicas para atenuarlas, remediarlas o resolverlas, o bien, para revalorar y disfrutar sus propias expresiones culturales.

En Sonora, la mayor parte de su infraestructura y equipo humano ya se encontraban conformados desde mediados de la década de 1980, teniendo una condición especial y destacada en cuanto a la generalidad de las Unidades Regionales, pues además de contar con oficinal centrales a nivel estatal, se creó un sistema de Centros de Cultura Indígenas en los territorios de la mitad de las etnias –incluyendo las demográficamente mayoritarias: yoeme o yaquis, y yoreme o mayos, así como en las demarcaciones de comcáac o seris y makurawe o guarijíos–, centros operados por Promotores Culturales pertenecientes a las propias comunidades.

 

El PACMyC y su impacto en los procesos socioculturales y en la salvaguardia del Patrimonio Cultural de Sonora

El impulso de miles de proyectos en México ha sido posible por las emisiones anuales del PACMYC durante tres décadas. En Sonora, se han llegado a apoyar más de setenta proyectos culturales comunitarios en una sola emisión, en las ediciones en que las condiciones lo han permitido, y cuando las convocatorias anuales han sido demandadas con amplio volumen por la población. Se han atendido tanto a las etnias del estado en su conjunto, así como a las distintas regiones culturales mestizas. No obstante, por una dinámica definida por la demanda poblacional más que por una directriz institucional, el pueblo que ha recibido mayor cantidad de apoyos a través de los años ha sido el yoreme o mayo, lo cual concuerda con la condición de etnia mayoritaria en la entidad.

Entre los procesos comunitarios que ha detonado el programa en Sonora se encuentran: encuentros de música popular yaqui y mayo; la gastronomía de estos mismos pueblos, así como de diversas regiones mestizas; bordados y artesanía pimas; la labor editorial independiente, y producciones discográficas de música popular.

Resultan emblemáticos los siguientes proyectos: libro Medicina tradicional yaqui y mayo (originalmente, folleto Recetario de comida tradicional yaqui); folleto Jiak bwa’ame. Comida tradicional yaqui; posteriormente convertido en el libro Recetario indígena de Sonora (CONACULTA, 2000); además, proyectos referentes a cocina mayo, artesanía pima, fiestas tradicionales, y “Perra Vida. Registro del rock hermosillense de los noventa”, que generó la producción musical “Foco” (1997), de carácter histórico en el rock sonorense, y “Propuesta de grabación de audio casette Orquesta Los 18” (2000), de Rodolfo ‘Chino’ Medina.

Propuestas recientes de gran valor han sido: “Recuperación oral y audio de la danza del coyote” (2014), “Juya ania, fuente inspiradora de la danza del venado” (2014), “Goi We Kolensia Luturia, Maso into pajkoóla yiwame. Nuestro patrimonio cultural. Danza de pascola y venado” (2016); y “La bacha. Escuela de teatro para niños yaquis” (2017).

En consideración de las condiciones para realizar labores de animación, revitalización, promoción y capacitación, tanto comunitarias como institucionales, se puede considerar que algunas de las áreas de oportunidad del programa en Sonora son: artesanía cucapá –que se ha apoyado, y en lo que se debe continuar–; danzas yaquis y mayos; música tradicional, popular y de fusión; también constituye un área de crecimiento el interés manifiesto de la población mestiza por la diversidad cultural del estado.

En el contexto actual, un conjunto de retos importantes que presenta el programa es brindar énfasis a acciones que dadas las condicionantes administrativas, eventualmente se han realizado: difusión presencial en tarea conjunta con autoridades locales, portadores de la cultura, cronistas y gestores; realización de talleres regionales; sistematización de difusión mediática; exhibición y/o muestra de productos o evidencias generadas por proyectos de convocatorias previas, así como realización de encuentros pluritemáticos regionales.