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VIANEY LAGARDA – MISATANGO

VIANEY LAGARDA –  MISATANGO

Por Juan Arturo Brennan

De regreso a las tardeadas musicales del Palacio Municipal. La asistencia, más nutrida y entusiasta que en otras ocasiones, estuvo justificada por la presencia de Vianey Lagarda, soprano originaria de Navojoa, y por el hecho de que propuso un programa formado íntegramente por canciones mexicanas, de esas canciones que tienen más de popular que de cualquier otra cosa, lo cual no demerita ni un ápice su calidad.

Acompañada al piano por Alejandro Miyaki, Vianey Lagarda interpretó un programa que no podía ser más lucidor: Ponce, Tata Nacho, Esparza Oteo, Del Moral, Grever, Velázquez. Casi sin excepción, todas las canciones pertenecen al hit parade de la canción fina mexicana, lo que ayudó al buen rapport entre la soprano y su público, que a pedido suyo la “acompañó” en un par de canciones.

Al recordar el haber escuchado a Vianey Lagarda en alguna Noche de la Universidad de Sonora en una edición anterior del FAOT, puede decirse que el buen nivel mostrado en aquella ocasión se ha mantenido y, en todo caso, se ha hecho más sólido tanto en lo vocal como en la presencia escénica. Vianey Lagarda tiene un instrumento vocal afinado, potente y con proyección, además de homogeneidad de calidad sonora a lo largo de su registro.

La combinación de su voz y las canciones elegidas resultó ciertamente exitosa y satisfactoria para el público. Ahora bien, su recital permite (invita, provoca) entrar de nuevo a la añeja discusión del estilo que puede y debe aplicarse a cada tipo de repertorio.  No hay queja alguna sobre la técnica de la joven soprano de Navojoa; sin embargo, ¿pudo haber elegido cantar estas canciones con un estilo de emisión vocal más cercano a los cánones populares, en vez de cantarlas todas como si fueran arias de ópera? La respuesta solo la tiene la propia Vianey Lagarda, pero es muy probable que esa respuesta sea afirmativa.

En ciertos pasajes de las canciones del programa de esta tarde, aquellos que requirieron de sus registros medio y grave, o aquellos en los que la dinámica (volumen) era moderada, fue posible percibir claramente un estilo menos impostado, más adecuado a este tipo de repertorio que uno asocia más con la bohemia que con La bohème.

Cosa curiosa, el polémico asunto del estilo también se hizo presente en una de las intervenciones instrumentales de Alejandro Miyaki, quien interpretó Adiós, Nonino, uno de los tangos más emblemáticos de Ástor Piazzolla, en un arreglo para piano pesado e hipertrófico, que contradijo cabalmente la elegancia, pureza y refinamiento del auténtico tango piazzolleano.  Por lo demás, su labor de acompañamiento para Vianey Lagarda fue de muy buen nivel: tocar y dejar cantar, como dice el dicho. Y, claro, faltaba más, el recital terminó con la sexta reiteración de Júrame que se ha escuchado en este FAOT. Sin comentarios.

Para la noche de gala, una auténtica novedad: una misa a compás de tango, compuesta por el argentino Martín Palmeri y conocida indistintamente como Misatango o Misa a Buenos Aires.  Además de que la interpretación fue exitosa, hay que agradecer de entrada el hecho de que el FAOT haya programado esta obra que, en el contexto de la línea de conducta general del festival, es ciertamente insólita. Justo es mencionar que la idea de incluir la Misatango en el FAOT número 35 fue de Héctor Acosta, a quien aquí se conoce principalmente como un muy buen pianista acompañante de cantantes, y quien se encargó de preparar y dirigir la obra.

La misa en cuestión es cabalmente tradicional en cuanto a sus secciones y sus textos, y cien por ciento tanguera en su espíritu sonoro. Sobra decir que, entre otras influencias, fue posible percibir la siempre bienvenida sombra del tango a la manera de Ástor Piazzolla. Entre otros detalles interesantes, cabe mencionar que las partes de soprano solista fueron repartidas entre tres cantantes, para sacar provecho de sus cualidades individuales en cada intervención. Y aunque parezca que esto nada tiene que ver con el asunto, no se puede dejar de mencionar: en un contexto en el que las noches de gala suelen estar conformadas por una muy larga secuencia de piezas breves, esta noche resultó un bienvenido cambio el poder escuchar una sola obra.

Otro punto de interés: si bien es posible interpretar la Misatango de Palmeri con una sección completa de cuerdas, Héctor Acosta decidió darle a esta ejecución un aspecto más camerístico, utilizando solo un quinteto de cuerdas. Si bien hay algunos detalles perfectibles en el trabajo de ensamble del coro, lo cierto es que fue una interpretación preparada y presentada con seriedad y ganas de hacer las cosas bien. Con el buen sabor de boca que ha dejado esta Misatango en el FAOT, de pronto pudiera parecer una buena idea programar en años subsecuentes algunas otras misas poco convencionales, como la Misa criolla de Ariel Ramírez o la Misa flamenca arreglada por Ricardo Fernández de Latorre.

Esta interpretación de la Misa a Buenos Aires que se realizó bajo la dirección de Héctor Acosta, contó con la participación del Coro de Cámara de la Licenciatura en Música de la Universidad de Sonora, el Quinteto Pitic, el acordeonista Ares Hernández y el pianista Emmanuel Sabás. Para concluir, una pregunta retórica: ¿de veras es tan complicado hacerse de los servicios de un buen bandoneonista para darle a esta obra la sonoridad precisa que requiere?