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VIANEY LAGARDA ABORDA MÚSICA MEXICANA EN EL FAOT 2019

VIANEY LAGARDA ABORDA MÚSICA MEXICANA EN EL FAOT 2019

Por Dr. Jesús David Camalich Landavazo

¿Cómo se interpreta la música mexicana compuesta por María Grever, Jorge del Moral, Tata Nacho, Manuel M. Ponce?  ¿Cómo un cantante lírico debe de abordar este tipo de repertorio?  ¿Cuál sería la “correcta interpretación” de la música mexicana por un cantante lírico?  ¿Qué tan válido es variar la melodía, en ocasiones llegando a la modificación, agregando grandes agudos para obtener aplausos?

Para dar respuesta a estas interrogantes, hay que fijar ciertos puntos de vista, con el objeto de poder establecer los parámetros que permitan dar la correcta dimensión (según mi humilde opinión), de la presentación de la joven soprano sonorense Vianey Lagarda, acompañada al piano por el maestro Alejandro Miyaki, como parte de las galas de la tarde del Palacio Municipal de Álamos, dentro del Festival Alfonso Ortiz Tirado 2019.

Cuando un artista lírico empieza a reflexionar sobre qué repertorio presentará en un recital, debe de analizar ciertos factores, los cuales influirán en mayor o menor medida, en la selección y orden del repertorio a interpretar: festival, lugar, país, foro o escenario, perfil del foro, petición del contratante, entre muchos otros más. Un factor que siempre está presente, ya sea consciente o inconscientemente en el artista o equipo creativo, es el concepto general de dicha presentación, es decir, qué características generales deben de cumplir cada una de las piezas que serán incluidas en el programa. Vianey Lagarda decidió un programa basado casi exclusivamente en música mexicana fina, con la característica de ser melódicamente bella y de una fuerte carga interpretativa.

¿Cómo un cantante lírico debe de abordar este tipo de repertorio? Las opciones son divergentes y posiblemente contradictorias: 1) Como música popular, con una emisión abierta priorizando el fraseo y la correcta pronunciación del texto, sobre la calidad vocal de la emisión técnica de la voz; 2) Una emisión lírica, sin llegar a la expresión operística, priorizando la emisión técnica de la voz, en tonalidades que permitan el lucimiento vocal sobre la correcta pronunciación del texto; 3) un punto medio, quizá ligeramente hacia el campo de la emisión vocal abierta, en el que prevalezca el fraseo melódico y la correcta pronunciación del texto, buscando tocar el corazón del público basado en la interpretación y no en el virtuosismo vocal.

Cada una de estas opciones provee al artista de oportunidades y de retos, presenta ventajas y desventajas, aciertos y posibles puntos de conflicto, divergentes opciones de lucimiento, entre otros aspectos. Con este punto de referencia, estoy en posibilidad de escribir una opinión sobre lo que Vianey Lagarda y Alejandro Miyaki ofrecieron en su presentación.

A Vianey la podemos ubicar, sin lugar a dudas, entre los jóvenes valores del canto lírico que inician su proceso para abrirse paso en este competido y complejo mundo del canto lírico profesional, que le permitirá, con el paso del tiempo, desarrollar la madurez vocal, interpretativa y escénica que se requiere para ser considerado un cantante lírico profesional. Alcanzar este grado dependerá, en gran medida, del grado de estudio, inteligencia, reflexión y meditación que Vianey realice, junto con la acertada guía que reciba de sus profesores. Esta madurez la dan las oportunidades que se busquen para estar en escena, ya sea en recitales o en espectáculos escénicos, como las producciones de ópera.

En este contexto, en el escenario del Palacio Municipal de Álamos se presentó Vianey Lagarda, con una voz de soprano lírico-ligero, más hacia lo ligero; un timbre dulce, en proceso de ser cálido, buscando una interpretación que parta del corazón; una emisión impostada hacia lo lírico, pero cuidando el fraseo del texto, acorde al concepto general del concierto y del mensaje que quiere dejar en el auditorio. Quiero destacar la decisión de la artista de llevar la música mexicana fina hacia el campo lírico (en mi opinión a un nivel más alto de lo necesario), donde mostró una muy interesante habilidad de interpretación, aprovechando sus características vocales aunadas a una presencia física arriba del escenario. Considero que fue un sensible acierto.

Hacia el final de varias de las piezas interpretadas, la cantante decidió lanzar un agudo, nota no escrita, de tal magnitud que aquella belleza interpretativa que iba construyendo frase a frase, esperando que se le agregara aquel delicado detalle que sería la cereza al pastel; quedó casi totalmente difuminada ante aquella innecesaria nota aguda. Metafóricamente es como quien te va envolviendo, abrazando en forma delicada, con ternura y de repente te asfixia en el abrazo.

En mi opinión, este es un desafortunado e innecesario elemento de virtuosismo, motivado por los ímpetus propios de la juventud y el ubicarse en el inicio de un proceso de maduración, tanto en lo vocal como lo interpretativo, así como la “idea” de que es necesario dar grandes agudos hacia el final de la pieza con el objetivo de arrancar el aplauso del público. La sabiduría popular lo dice muy acertadamente: “la juventud es una enfermedad que se cura con la edad”.

En otro tema, el trabajo de acompañamiento y de interpretación pianística del maestro Alejandro Miyaki fue muy bueno, destacando las dos obras que interpretó como solista: la Balada Mexicana de Manuel M. Ponce y Adiós Nonino de Astor Piazzolla. La expectativa creada fue honrosamente satisfecha.

* Las consideraciones expresadas en estos textos de crítica artística, son a título personal del analista invitado y no reflejan la opinión de la institución.