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GLENDA LANDAVAZO Y ALEJANDRO CORONA – EVA MARÍA SANTANA

GLENDA LANDAVAZO Y ALEJANDRO CORONA – EVA MARÍA SANTANA

Por Juanr Arturo Brennan

La última sesión musical de mediodía en el Palacio Municipal resultó, a falta de una mejor definición, deliciosa. La soprano Glenda Landavazo y el pianista (y compositor) Alejandro Corona, ofrecieron un recital muy bien programado y muy bien realizado, a base de canciones mexicanas, precedidas por la versión a piano solo de la Rapsodia en azul de George Gershwin a manera de obertura. Desde el inicio de la sesión, soprano y pianista lograron crear un cálido ambiente de cabaret, o de café cantante, o de rincón bohemio, perfectamente apto para el repertorio interpretado. El repertorio en cuestión (Vicente Garrido, Mario Ruiz Armengol, Alejandro Corona) transita elegantemente en la confluencia del jazz, el bolero y la canción de concierto, y los intérpretes manejaron de manera experta esta rica combinación de estilos y estados de ánimo. A destacar como elemento importante de este exitoso recital, el hecho de que Glenda Landavazo no se instaló en el rol de la diva operística dramática, sino en el de la cantante de salón. A la vez, no trató de romper el domo del Palacio Municipal con agudos como cañonazos, sino que cantó siempre con un enfoque más íntimo y coloquial. A todo ello contribuyó sin duda, el hecho de que los arreglos de las canciones fueron colocados en una región cómoda del registro vocal de Glenda Landavazo, de modo que no hubo lugar a la tensión inútil ni a los excesos de pirotecnia. Entre otros resultados positivos de la combinación de todos estos elementos, cabe destacar la claridad en la dicción de los textos de las canciones y, como complemento, un control estricto sobre las complejidades armónicas que supone el lenguaje basado en muchos gestos del jazz. En este sentido, se confirmó en este grato recital el hecho de que, entre nuestros pianistas, hay pocos que comprenden y manejan mejor el jazz que Alejandro Corona. Mucho ayudó, también, el hecho de que el propio pianista hizo una breve introducción didáctica para dar al público los antecedentes básicos de la relación que hay entre el jazz y manifestaciones similares, y las evocativas canciones que fueron incluidas en el programa. En suma, una sesión musical redonda, placentera y de muy buen rendimiento vocal y pianístico, digna de la clausura de los conciertos de mediodía en el Palacio Municipal.

Y por la noche, otra clausura de muy buen nivel: un recital de la mezzosoprano Eva María Santana y el pianista Armando Merino. Primer mérito del programa, un repertorio variado, de corte tradicional, pero con algunos elementos novedosos. El primero de ellos, la inclusión de algunas canciones de Beethoven y Schubert que no solo tienen sus textos en italiano, sino que la música misma de estos dos pilares del “sonido alemán” se apega a ciertas constantes del estilo italiano de la época. Después, a través del ciclo de las Canciones gitanas de Brahms, un atisbo a la manera en que se puede dar variedad a una serie de textos de intención diversa con solo unas cuantas pinceladas, tanto en las inflexiones de la línea vocal como en el acompañamiento pianístico. De agradecerse particularmente, la inclusión de un aria, esta sí plenamente alemana, de la desconocida ópera El evangelista del desconocido Wilhelm Kienzl, pieza de un perfil dramático sólido y expresivo. A partir de esta pieza de Kienzl, dos muestras más del conocimiento de causa de Eva María Santana en cuanto a cuestiones de expresividad. Si las canciones fueron dichas con la mesura que el género requiere, en las arias de ópera la cantante dejó fluir la gestualidad adecuada no solo al contenido e intención de los textos, sino también a la personalidad de las dos mujeres caracterizadas en sendas obras de Saint-Saëns y de Bizet: Dalila en el primer caso, Carmen en el segundo. Después de concluir el recital con buenas versiones a canciones de Ponce y Esparza Oteo, mezzosoprano y pianista se dieron el lujo de desafiar a la costumbre, y como regalo repitieron la famosa Habanera de la ópera Carmen de Bizet. Un recital, en fin, de buena programación, buena preparación y buena ejecución. Hay que señalar que entre los recitales a voz y piano que se realizaron en este FAOT 2019, este fue uno de los mejor equilibrados en lo que se refiere a la relación de las dinámicas respectivas de la cantante y el pianista.