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CINE- NOCHE DE LA UNIVERSIDAD DE SONORA

CINE- NOCHE DE LA UNIVERSIDAD DE SONORA

Juan Arturo Brennan

No sólo de ópera vive al FAOT. ¡También hay cine en Álamos! Este martes dio inicio un breve ciclo de cine que se lleva a cabo por cuatro días en el Museo Costumbrista. Los tres primeros filmes del ciclo fueron otros tantos cortometrajes documentales.

El pana (de Juan Cárdenas) es un muy esquemático retrato de un inmigrante panameño que termina sus peripecias atendiendo un puesto de hot dogs en Hermosillo. Se explora, con el testimonio del protagonista, su pasado de migración, expulsión, exilio, penurias diversas, hasta llegar a la aparente estabilidad que le da su nuevo oficio callejero. El personaje no es particularmente interesante, la técnica de cámara es muy primitiva, el sonido deficiente, y el documental omite imágenes y presencia de elementos muy importantes de la vida de El pana.

El cuarto muro (de Lucía Antares) es una cariñosa viñeta sobre un pequeño cineclub, realizada íntegramente con testimonios de una decena de sus más asiduos asistentes, complementados con unas cuantas imágenes extra y unas pinceladas de animación. Técnicamente, es un filme más coherente y profesional que El pana, y en su sencillez discursiva descansa su eficacia narrativa. Se trata, simplemente, de un amoroso homenaje al cine en general y al concepto del cine club a la antigua. Una carencia importante de este documental de Lucía Antares es que no proporciona la identidad y localización del cine club en cuestión.

Finalmente, se proyectó Expediente 1394, un alegato documental en contra de la violencia hacia los animales, sustentado en el fugaz seguimiento de un caso particular de maltrato animal, su judicialización y eventual condena de la persona culpable. A la vez, se habla del activismo de algunos grupos de Hermosillo en favor de leyes que protejan efectivamente a los animales de la violencia. Sencillo y con algunas carencias técnicas, Expediente 1394 (de Sharon Dennis) pone el dedo en una dolorosa llaga de nuestra sociedad, una sociedad que tiene muy poco respeto por los animales y que, como bien se señala en el documental, es una lacra que implica como consecuencia inmediata la violencia hacia las personas. El documental incluye algunas desgarradoras imágenes de animales maltratados, con la intención evidente (y lograda) de perturbar a quienes las miran. 

Más tarde, en el Palacio Municipal, se llevó a cabo la infaltable Noche de la Universidad de Sonora, con la presentación de algunos de los talentos destacados de la carrera de canto de esa casa de estudios. El reparto: las sopranos Daniela  Chavarría, Liliana Dosamantes y Estela Siaruqui; el tenor Salvador Villanueva; el barítono Isaac Herrera y Héctor Acosta al piano. De entrada, hay que mencionar que los cinco cantantes y su pianista eligieron un repertorio muy variado en cuanto a géneros y estilos: canción italiana, bel canto, ópera italiana dramática, opereta, zarzuela y, en medio de todo ello, un bello quinteto vocal de Clara Schumann.

La continuidad escénica, también muy interesante: primero, cada uno de los cinco cantantes presentó individualmente un aria, y después se dedicaron básicamente a cantar ensambles. En sus presentaciones individuales, se notó un cierto nervio, un cierto cuidado en el canto, que quizá les impidió sacar a la luz sus mejores cualidades vocales. Esto se confirmó en el canto de los ensambles, en los que evidentemente se sintieron protegidos y arropados mutuamente, y por consiguiente cantaron con mayor rendimiento. 

Por otra parte, en esa misma tendencia de cuidar mucho el canto, por momentos olvidaron la parte actoral del oficio operístico; nada que no pueda subsanarse con una educación musical/escénica más completa. Para redondear la anterior observación sobre el repertorio elegido, justo es decir que si bien fue variado (y, venturosamente, no incluyó ningún caballito de batalla), no hubo en él música de alta exigencia, lo cual demuestra que los jóvenes cantantes y sus profesores fueron prudentes y mostraron una tendencia hacia lo seguro.

Entre los detalles puntuales escuchados esta noche, destaca el hecho de que el tenor Salvador Villanueva posee una voz que tiende al color oscuro, con un buen soporte en su registro grave y que por momentos adquiere las cualidades de un barítono ligero.  Sería interesante saber, a la luz de esas cualidades, cuáles son sus preferencias en cuanto a repertorio. En lo colectivo, a los cinco protagonistas les faltó, más que volumen o potencia, una mayor proyección de sus respectivas voces, tanto en sus arias como en los ensambles.

A destacar en esta Noche de la Universidad de Sonora, el hecho de que el recital se llevó a cabo con una gran fluidez y un buen sentido del tiempo, cosa que muy probablemente dependió en buena medida de la experiencia escénica del pianista Héctor Acosta, quien esta noche realizó una labor de acompañamiento ciertamente experta. Con esa misma idea de la concreción y la parquedad, los seis músicos ofrecieron solamente una pieza fuera de programa, un breve popurrí de melodías de West Side Story (‘Amor sin barreras’) de Leonard Bernstein, cuyo centenario natal se conmemoró en el 2018.

Si la memoria de los resultados musicales de anteriores ediciones de la Noche de la Universidad de Sonora es fiel, es posible afirmar que en lo general aquéllas fueron de mayor rendimiento que la de este 2019. Por otra parte, la bienvenida persistencia de este evento en las Noches de Gala del FAOT invita a hacer una reflexión: ¿existe alguna clase de seguimiento a los jóvenes cantantes de la UNISON que han actuado aquí, para saber cuántos, quiénes y cómo han hecho carrera, y hasta dónde han llegado… o no? Sin duda, sería muy interesante saberlo.

*Las consideraciones expresadas en estos textos de crítica artística, son a título personal del analista invitado y no reflejan la opinión de la institución.