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CINE – HOMENAJE A CHAVELA VARGAS – NOCHE DE GÓSPEL

CINE – HOMENAJE A CHAVELA VARGAS – NOCHE DE GÓSPEL

Por Juan Arturo Brennan

De nuevo, sesión de cine de mediodía en el FAOT, con sede en el Museo Costumbrista. De nuevo, tres películas sonorenses, ahora de ficción.  Toma mi mano, de María Mayoral, es una sencilla historia de un matrimonio aquejado por la rutina y la vejez.  El tono es de comedia ligera, el tratamiento de imagen es sencillo y correcto, y el filme adolece de los problemas de sonido típico de una parte sustancial de nuestro cine.  El problema central de la película, que pertenece cabalmente al subgénero tan desafortunadamente en boga de “homenaje a mis abuelitos”, es que carece completamente de tensión dramática.

Después, Viaje de familia, de Christian Milán. Aquí, la historia es marginalmente más interesante. En un antiguo Mercedes Benz recién comprado, una familia aparenta hacer un viaje a la playa. En realidad, van a botar al abuelo a un asilo, después de despojarlo marrulleramente de su casa. Este corto, al menos, alude a un asunto social y humano digno de ser abordado. Sin embargo, el tratamiento es demasiado esquemático. Técnicamente, el corto es pobre, y acaso tiene como virtud única el hecho de que una parte sustancial está filmada con la cámara subjetiva desde el punto de vista del abuelo abandonado.

Finalmente, El triángulo de Andrés Paz. Un niño toca el triángulo en una pequeña orquesta infantil, que se prepara para un concierto importante. El niño está en todo (sobre todo, en la guapa trompetista) menos en su instrumento, con consecuencias previsibles. Poca convicción en la narración, poca credibilidad en los personajes y en la parte musical del filme, así como una técnica poco cuidada, son algunas de sus carencias.

Antes de entrar de lleno a la Noche de Gala del séptimo día del FAOT, un comentario sobre un tema que se quedó a medias en el tintero. Así como se ha mencionado en este espacio la poca atención que algunos y algunas cantantes ponen en la importantísima cuestión del estilo que debe aplicarse a cada género musical; también se hace necesario anotar los aciertos. Ese acierto fue el de la mezzosoprano Eva María Santana, quien protagonizó una cálida y evocadora sesión de homenaje a Chavela Vargas, acompañada sencillamente, sin escándalo y sin excesos de sonorización salvaje, por las dos guitarras de Los Macorinos.

Eva María Santana es una cantante cien por ciento profesional que canta ópera oratorio, lied, zarzuela, etc., y a la vez comprende cabalmente que no se puede cantar a Chavela como se canta a Brunhilda. De ahí que en su recital se apegó a un estilo más propio para las noches de tequila y amores descarriados, sin por ello sacrificar ni un ápice de la calidad vocal. Moraleja: sí se puede, ¡claro que se puede!

Y por la noche, ¡góspel! Un acierto más en la programación de este año del FAOT, a través de una velada dedicada íntegramente a esa expresión musical (y también religiosa, poética, histórica) que es el góspel. Al igual que en la Noche de Gala anterior, la dirección musical (desde el piano y el atril coral) estuvo a cargo de Héctor Acosta, como siempre serio, preparado y profesional.

Los solistas invitados fueron la mezzosoprano Alexis Davis-Hazell y el bajo Earl Hazell, justo las tesituras adecuadas para este tipo de música. Es probable que el público reunido en Palacio Municipal haya estado a la espera de la versión gozosa, rítmica, bailable del góspel; sin embargo, los solistas y el Coro Ars Antiqua transitaron fundamentalmente por el góspel triste, melancólico y contemplativo. Y lo hicieron bien.

De interés especial, el hecho de que como parte intrínseca de la continuidad musical se leyeron algunos poemas relativos a la esclavitud, la discriminación y la experiencia de la población afrodescendiente de los Estados Unidos; los poemas fueron elegidos por su relevancia y contundencia, y resultaron un complemento ideal para las canciones interpretadas.

Uno de ellos (Ain’t I a woman?) fue especialmente conmovedor porque en él se abordan simultáneamente dos vertientes de la discriminación: la racial y la de género, todo ello mezclado con el indispensable ingrediente religioso. Al final de la sesión, fuera de programa, se cantó uno de los grandes clásicos del góspel, Ol’Man River. Esta noche, a diferencia de las demás noches de gala del FAOT 2019, sí fue relevante el hecho de que hay en Álamos una población estadunidense estadísticamente significativa, y que suele acudir en buen número a los conciertos del festival.

Hoy, esta música y estos textos de góspel tuvieron muchas referencias directas a asuntos que les tocan muy directamente. Sería interesante saber cuáles fueron las reacciones individuales de los asistentes. El caso es que a pesar de la orientación básicamente triste de la música, el público se conectó con el góspel y con sus intérpretes. Ojalá se haya conectado también con el significado profundo de esta música, de estos textos, y de los poemas incluidos.