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Los rostros del FAOT, tres años de labor fotográfica…

Los rostros del FAOT, tres años de labor fotográfica…

El registro de las diferentes disciplinas artísticas en pleno acto y lugar de ejecución: el escenario, el set, la sala de conciertos, la calle, los espacios alternativos o habilitados como escenarios provisoriamente… no constituyen un ámbito idóneo para la práctica fotográfica: el fotógrafo no tiene control sobre la iluminación que, generalmente, puede ser escasa, o demasiado intensa en algunas gamas, impedir el enfoque adecuado y, además, los sujetos que actúan y se desempeñan bajo ese cielo de luz artificial están en movimiento en la mayoría de los casos. Qué mejor que tener al sujeto del fotograma… inmóvil, en condiciones de iluminación controlada y bajo la voluntad el fotógrafo. Nada de eso sucede en un escenario… todo lo contrario. Quizá ello explique por qué muchos fotógrafos declinen ante la invitación de acudir a un evento artístico, digamos, en un teatro: no pueden usar flash, no tendrán suficiente luz, habrá quién se perturbe con el sonido del disparador de su cámara o con su simple movimiento buscando el ángulo o la perspectiva que la geometría del lugar le permita… no es fácil.

Pero resulta indiscutiblemente necesario.

El registro fotográfico no es la expresión fija de una escena que el público observó en movimiento y que, de esa manera, además, queda para la posteridad, para su difusión, para el archivo del artista, paras sus gestiones de becas, apoyos, viajes, residencias, trabajo, para la prensa, para las redes sociales, para las estadísticas y reportes institucionales…

Sí, nuestro trabajo ha servido y sirve como registro en tanto que atrapa momentos diversos de diversos eventos, pero –es nuestro caso- que no lo hacemos con un afán registral si bien, como mencionamos antes, sí constituye también un registro gráfico del suceso cultural de que se trate.

A nosotros nos ha animado la noción de ver el escenario, la ejecución artística, el vivo desempeño del trabajo de los creadores como: sujeto estético, es decir, como algo que existe para algo más que ser registrado, algo en lo que se puede y debe buscar la verdad de la belleza, en este caso, de la imagen.

No nos anima capturar en una imagen lo que el público, lo recuerde o no, ya observó durante su asistencia. Si bien esto no siempre es posible por cuestiones logísticas y de acceso, nosotros tratamos de capturar y fijar elementos de la vida del artista en movimiento que no se observan desde el patio de butacas y que forman parte de ese suceso cultural de la expresión estética que, quizá, no sea útil al mero registro, pero es testimonio de los rincones riquísimos y bellos de una visón obtusa, lateral, no esperada, inusual o inútil a la práctica del registro tradicional.

Vemos con sorpresa, al momento de encarar finalmente nuestra colección del evento o del día, que hemos logrado nuestro objetivo y, allí, donde las condiciones nos obligaron a la perspectiva tradicional, buscamos apasionadamente el detalle que permita entrar, ahora al observador de fotogramas, en contacto con algún elemento mínimo de lo mucho que se esconde al punto de vista de la audiencia y de su tradicional perspectiva desde la butaca: el público asistente no puede moverse, nosotros… sí, al menos un poco más, y si eso nos permite revelar otros rincones de la belleza del evento, del esfuerzo, del músculo tenso, del sudor, de la fatiga, de la alegría… pues ése es nuestro trabajo autoimpuesto.

Atrapar sin perturbar siempre que sea posible, perturbar lo menos y capturar lo más, lo invisible, lo casi invisible, lo que quizá no importe a un editor pero que sea relevante a un principio de preocupación estética y no sólo de registro.

Por fortuna vemos que, en nuestro caso y en ocasiones, atinamos a ambos objetivos contando siempre con la confianza de quién nos convoca: el Instituto Sonorense de Cultura, en este honroso caso, de la paciencia del público, de la benevolencia del artista… A veces no lo logramos y de esa pugna nace el carácter de nuestro oficio, se fortalece, crece y ayuda a crecer, al menos, eso es lo que deseamos creer.

Sean ustedes, bienvenidos…

Ricardo LeónRicardo León

Hermosillo, México, 14 de diciembre 2018