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El vocabulario para describir quiénes somos

El vocabulario para describir quiénes somos

Por L. Carlos Sánchez

Que las palabras tienen ritmo. Que de pronto incitan al baile. Funderelele, por ejemplo, es una de ellas. Al decirla nacen ganas de moverse. Inevitable.

Funderelele es el título del libro escrito por Laura García, publicado por Editorial Destino 2018, el mismo que se presentó en Feria del Libro Hermosillo 2018 (FELIH).

La atracción por el lenguaje, desde siempre. A Laura la vemos en el programa de televisión La Dichosa Palabra, en canal 22. Desde allí expone la entraña que es etimología del vocabulario español, el ejercicio de lo que es su oficio.

Funderelele, a decir de Laura, es el anecdotario sobre palabras que le atraen desde su sonido hasta su significado. Palabras que habitan en nuestro vivir constante, que se encuentran escindidas detrás del objeto menos esperado, al que utilizamos diariamente sin saber su nombre.

Antes de que den las ocho de la noche, en contexto de Plaza Zaragoza, recinto de los libros en esta Feria, antes de subir al escenario en el interior de Palacio de Gobierno de Sonora, Laura García cuenta los orígenes de Funderelele (Ed. Planeta 2018):

“Este libro es un compendio de palabras desconocidas que se refieren a cosas muy conocidas, muy cotidianas, y Funderelele es una de esas setentaiún palabras que aparecen en el libro, es la primera que escribí y la que dio un poco de dirección a las demás de atrás. Yo tenía un hashtage en Twitter que se llamaba Palabras que me encuentro, donde ponía palabras que me llamaban la atención, yo que me dedico a las palabras me parecía muy curioso que hubiera palabras tan desconocidas, y entonces las compartía.

Este libro se dice que es un compendio de palabras pero en realidad yo le llamo anecdotario, me gusta más llamarlo así porque son pequeñas historias de cómo esas palabras llegaron a mi vida, cómo me las topé, quién me las regaló consciente o inconscientemente y cómo me han acompañado a través de mi vida, y cómo he mantenido una relación afectiva con ellas.

Funderelele es el nombre de la cuchara con la que se hace la bola del helado, es una cuchara cóncava que a veces tiene un mecanismo para soltar la bola, y tiene mucho ritmo, es muy musical, me invita a moverme, a bailar, y me parecía un riesgo ponerla de título porque pensé que nadie iba a poder pronunciarla pero nada más cuesta las dos primeras veces, a la tercera ya sale de corridito. Quiero que esa palabra sea más conocida, difundir su uso, tal vez todos tenemos un funderelele en casa.  Y como esa palabra hay setenta más en este libro.

–Estamos relacionados con la palabra desde la infancia, desde que pasaba ese carrito con su musiquita peculiar.

–E incluso los heladeros no conocen el nombre de la cuchara, muchos le dicen sacabolas, y muchos usan su término en inglés, y yo les digo nosotros tenemos una palabra mejor, que ni siquiera aparece en el diccionario, la academia lo que dice es que se necesita un registro literario.

Me parece que las palabras tienen matices, y estamos siendo muy flojos a la hora de hablar, utilizamos pocas palabras. Me llamaba la atención al ver una estadísticas de que nuestras conversaciones diarias se componen más o menos e trescientas palabras, quitando pronombres, artículos, me parece una estadística pobre y alarmante.

Pensé en cómo te llegan las palabras y concluí que siendo observador, siendo muy curioso. Entonces yo hago una invitación a escribir las propias historias de cada uno con esas palabras.

–En la comunicación tecnológica nos estamos limitando cada vez más en el uso del lenguaje, del castellano que es tan amplio.

–Estamos siendo flojos porque usamos palabras que no son precisas pero con las que logramos entender, y como nos entendemos ya no hacemos el esfuerzo por encontrar esos matices que tienen. Sí creo que la lectura es una manera de ampliar el vocabulario. Si ampliamos un poco cada día ese vocabulario tendremos más herramientas para poder describir quiénes somos, lo que queremos, adónde queremos ir, lo que sentimos, lo que necesitamos. Me parece que ponemos mucho énfasis en ciertas cosas de nuestro aspecto, cómo nos peinamos, cómo nos vestimos y descuidamos las palabras que también son una característica que nos define. Yo siempre he basado mi trabajo en defender que las palabras son hermosas, son seres vivos y que tenemos un vocabulario fascinante, que no nos limitemos, que no limitemos sus matices, y celebremos los acentos, los regionalismos, las maneras de hablar. Tenemos un idioma con el que podríamos viajar a veintitrés países y entendernos, entonces por qué no hacer un poco más la celebración de ese lenguaje.