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Ante una tragedia hay pueblos que hacen un tango o un drama, nosotros hacemos un chiste

Ante una tragedia hay pueblos que hacen un tango o un drama, nosotros hacemos un chiste

Por Carlos Sánchez

La voz y sus pasos. El mismo ritmo: la parsimonia, la reflexión. La contundencia.

Armando Fuentes Aguirre Catón, autor de la columna De política y cosas peores, uno de los articulistas con más trayectoria y uno de los que más lectores tienen en nuestro país, visita la ciudad en contexto de Feria del Libro de Hermosillo. El objetivo: la presentación de su libro Teologías para Ateos.teologias para ateos caton felih

En la recepción del hotel, poco antes de abordar el coche que lo lleva directo a Palacio de Gobierno, la plaza central donde ya los lectores lo esperan, Catón rememora los días de ejercer el oficio de reportero. Habla del humor de los mexicanos. Y cierra la conversación con una frase sobre su mirada precautoria antes de subirse al estrado y exponer.

–Catón: ¿Cuál fue la fuente que más disfrutaste en tus años de reportero?

–Realmente la actividad del reportero, que es tan bella y tan difícil, no cuadraba mucho con mis aficiones, yo tenía demasiada imaginación para ser un buen reportero, el buen reportero debe recoger los datos de la realidad y exponerlos en forma imparcial y objetiva y yo enriquecía a la realidad con mi imaginación, lo que no estaba bien para un reportero. Donde me sentí como dicen, como pez en el agua, fue en carácter de columnista, porque ahí podía dar rienda suelta a mi imaginación, inventar una realidad paralela a la realidad real, llamémosla así, y dar origen a un mundo propio, mío, y hacer lo que no podía hacer como reportero que era expresar mis propias opiniones y dar mis puntos de vista sobre acontecimientos de la realidad en vez de limitarme a exponer esa realidad. Entonces escogí la actividad del columnista, editorialista. Pero la experiencia que tuve en el reportaje fue extraordinaria, me ayudó a conocer muchas realidades, me dio a ver el complejo mundo de la política, de las relaciones humanas. Aprecio mucho y agradezco la formación que tuve como reportero de periódico.

–Esta formación te permite viajar. ¿Cómo vives los viajes y cómo lo asumes?

–Viajo más de lo que debería, a mi edad ya debería yo estar sentado en una mecedora, al amparo del fuego de la chimenea, quizá con una cobijita en las rodillas, tomando un té, pero mi trabajo no me permite esa molicie, sigo viajando mucho, malo el cuento cuando llegas al hotel y te dicen cómo te fue, y llegas a tu casa y te preguntan: ¿Y de dónde nos visita el señor? Algo anda mal ahí, y es mi caso porque viajo demasiado. Hace un par de semanas me aconteció estar el lunes en Tijuana, el miércoles en Guadalajara y el viernes en Cancún, y para mí esa es una semana típica, no es una semana inusual. Gracias a Dios tengo una buena salud, tengo lo que antes se llamaba panza de músico, que es un estómago capaz de digerir hasta piedras, y entonces disfruto enormemente esos viajes. Todavía conservo la curiosidad y el asombro de la niñez, me maravilla ver cómo se eleva el jet, y disfruto enormemente el trato con la gente de las más diversas regiones del país, y disfruto la riquísima gastronomía de México, disfruto sus paisajes y lo que más disfruto es su gente, aprender de su sabiduría, beneficiarme de su riquísimo ingenio y estar y sentirme cerca de mi prójimo.

El don de la compasión humana

Teologías para Ateos, su libro que presenta en esta Feria del Libro de Hermosillo, desde el titulo suena humorísticamente paradójico. ¿El humor es tácito a tu existencia?

–El humor se nos da muy buen a los mexicanos, los mexicanos sabemos reír, y lo que es más importante: sabemos reír de nosotros mismos. La risa en modo alguno es una manera de evasión, de huir de la realidad, al contrario, es plantarle cara, hacerle frente, y decirle a la realidad por dura que seas tengo recursos para enfrentarte y para buscar un modo de construir una realidad mejor. Ese tesoro de la risa, del ingenio, lo hemos tenido desde siempre. Hay ejemplos galanos de humor mexicano desde la época de la colonia. Ante una tragedia hay pueblos que hacen un tango o un drama, nosotros hacemos un chiste, eso habla de la capacidad para superar una realidad por dura que sea, no para evadirla vuelvo a decir, sino para superarla, y entonces para mí el humor no es una manera de atraer a los lectores, es una manera de comulgar con ellos en esa faceta tan rica y tan noble y tan alegre del mexicano, que es su sentido del humor, y al mismo tiempo el humor me sirve para quitarle lo solemne a la política, los políticos mexicanos son en lo general risiblemente solemnes, caen en actitudes ridículas por su solemnidad y a través de mi columna yo quiero contribuir a quitar eso y que los políticos se humanicen y estén más cerca de nosotros en vez de alejarse a una cumbre de importancia.

–En temas en los que existe un dolor, la caravana de migrantes centroamericanos por ejemplo. ¿Cómo es tu tratamiento en esos temas?

–Desde luego habrá temas de los cuales no se pueda hacer humor, no porque sean solemnes sino porque son trágicos o dramáticos y entran en eso que se llama el dolor humano, tal es el caso de la caravana de migrantes, no se puede construir nada ligero en torno de esa pesadumbre o sobre esa pesadumbre, porque eso sería inhumano, ahí reserva uno más bien el don de la compasión humana, pero también ese don de compasión pertenece a la esencia del mexicano, el mexicano sabe ser solidario, los vínculos de familia son muy estrechos entre nosotros los mexicanos y ahí entonces construimos la realidad a través de la compasión humana y a partir de ahí encontramos un bálsamo para nuestros dolores y los dolores ajenos.

–En uno momentos más presentas tu libro, ¿haces algún ritual antes de entrar a escena?

–Nada más me fijo si traigo cerrada la bragueta.