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Por si no regresamos, Ariadna Rodríguez Mar

Por si no regresamos, Ariadna Rodríguez Mar

El mar no es nuestro medio y la muerte es lo desconocido

Por L. Carlos Sánchez

El mar está aquí. Y frente a nuestros ojos se dibujan los límites. Acudimos a un mar que de pronto se vuelve frontera. Acudimos a un acto de vouyerismo cuando a nuestro paso encontramos una maleta cargada de misterios.

De pronto la maleta se abre. Las historias levitan impresas en fotografías, las mismas que penden de un hilo, como pende la vida, las mismas que se impactan en una pared, como buscando el resguardo del tiempo.

Por si no regresamos, exposición fotográfica de la autoría de Ariadna Rodríguez Mar, forma parte del programa FotoSonora y se encuentra en Sala de Arte de Instituto Sonorense de Cultura (ISC).

La construcción de un discurso desolador y poético (la intimidad que aflora sugerente, porque el deseo de creación emana del más recóndito lugar que es la emoción), se nos muestra como reportaje auténtico de lo que es y significa la vida en un estado al límite. La frontera y sus muros de fierros sobre el mar, no podrían decirnos otras cosas.

En esta exposición la creatividad de Ariadna nos hace estar en ese lugar. Detenernos para encontrar los nombres de quienes en su intento de alcanzar un mundo distinto, encontraron la muerte.

En este trabajo también antropológico que es Tijuana, la playa como una esperanza, como una tragedia, concluyo que el mar tiene otro significado. Y le solicito a Ariadna: por favor cuéntame los significados que tiene el mar para ti.

–Para mí tiene qué ver con el límite, con el más allá y con la muerte. Llegar en este caso a Tijuana, la esquina de nuestro país, donde están las dos fronteras, la natural que es el mar, y la línea, fue muy simbólico porque fue en mi vida llegar a un límite y me saltó la pregunta: ¿Qué harás, te regresas o te saltas?

–Y la muerte ¿por qué?

–La muerte porque si te metes ya no sales, es el lugar donde ya no podemos caminar. El mar no es nuestro medio, y la muerte es lo desconocido.

–¿Cómo es que inicias este viaje?

–Fue circunstancial. Fui a trabajar y me encontré con este lugar e inmediatamente me atrapó, como atrapa a muchos que están mirando para irse. Este es un lugar en el que te quedas estancado, pensando qué harás de tu vida, si vas a tener el valor de ir a buscar que es más allá de lo que estás viviendo, o no. Yo me quedé allí y luego sentí esa necesidad de volver a ir y volver a ir, y estar observando y estar sintiendo y ver que muchos buscábamos lo mismo, quizá en distintos contextos de vida pero todos tenemos migrantes buscando algo más.

–¿Qué experimentabas mientras permanecías allí?

–Es un estado de no lugar, de espera, de estar en una parte donde no  sabes si ya pasó mucho o poco tiempo. Es un lugar de espera y al final es estar entrando en ti mismo todo el tiempo y decir sí voy o no voy. La gente deja allí sus cosas, deja señales, confesiones, deja recuerdos, se deshace de todo lo que le pesa para poder irse. Eso es lo que he experimentado. También por eso este tono, porque es un poco de esa fantasía, de ese estado en el que no es el normal, no es lo cotidiano sino que eres un estado alterado en el que tú estás en cuanto a la meditación de tu propia vida.

–¿Cómo recuerdas tu primera visita al mar?

–Fui de niña, y recuerdo que me revolcó una ola estando yo súper chiquita, fue una sensación muy extraña, creo que de ahí me viene la muerte. Y yo me hago llamar artísticamente mar, yo soy el mar. Los caminos siempre me llevan al mar, hoy mismo, por ejemplo, estuve en Guaymas y terminé en San Carlos, en el mar, fue muy buen día para mí. Vengo del mar.