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Una voz que resiste el olvido: Abigael Bohórquez

Una voz que resiste el olvido: Abigael Bohórquez

descargaTexto del poeta argentino Nicolás Antonioli leído durante la presentación del libro Poesía reunida e inédita de Abigael Bohórquez (ISC, 2016), compilado por el Dr. Gerardo Bustamante en la Feria del Libro de Buenos Aires, el pasado 28 de abril de 2018.

 

 

Por Nicolás Antonioli

 

 

bohorquez56e9f3836af08_300hPoeta polifónico, de marginalidad concreta, con ejecuciones de textura surrealizante e indicios de poesía social y netamente política. En la obra poética de Abigael el riesgo de cada verso se vuelve recompensa léxica, el lector avanza entre lianas de características arcaizantes, con placer y soltura como quien se aventura a realizar un deporte extremo. Poesía de calibre, de envergadura, iconoclasta y sensitiva. Cuántos adjetivos más le caben a este autor del norte mexicano, que como un poema reescrito logró sortear todos los obstáculos convertido en fantasma, en alegoría, en esa sensación de piel de gallina que recorre al que se atreva a leer uno de sus poemas completos frente a sí mismo en plena desolación, como si un grito se ahogara en otro más intenso, donde la lingüística de los pueblos originarios emergiera de entre las cenizas del odio, para encontrar cobijo en el gesto del poeta. Abigael logró evadir y evadirse del ninguneo y con destreza logró producir una literatura basada en una cosmovisión de constante reflexividad, con miras a un lector futuro que visto desde la contemporaneidad del autor, se corresponde exactamente con nuestro presente. Es que Abigael no escribía para su tiempo, sino para nosotros habitantes de un mundo sumido en el caos, luego de hartos menús para los más diversos Generalísimos, nosotros lectores parte activa de la Diversidad sexual, con amplias conquistas y derrotas, con hambre de extrañamiento.

En tal sentido mi óptica es la de un escritor argentino que ha leído antes y con fruición a Oliverio Girondo, Raúl González Tuñón, Enrique Molina, Osvaldo Lamborghini, Jorge Fernández Chiti, Alejandra Pizarnik, Néstor Perlongher, Olga Orozco y Juan Carlos Bustriazo Ortíz. Veo la obra de Abigael en sintonía con todos ellos, en una íntima cercanía y correspondencia con lo que aquí se conoció como neobarroso, en relación al tratamiento del lenguaje, la ruptura lingüística en lo fonológico y morfosintáctico. Su obra es una síntesis de casi todos los movimientos vanguardistas y de identidad de género, pero mucho más aún,  se trata de una obra integral que propende al diálogo transgeneracional. Pero fundamentalmente creo que este tipo de poesía podría generar escuela en este siglo 21, por los riesgos y logros con que se desarrolla, en consonancia con el contexto cultural, social y político en el que se encuentra la intelectualidad latinoamericana. Abigael es la versión más acabada de lo que hoy se conoce como poesía contemporánea. O sea que fue un verdadero adelantado para su tiempo.

De ahí se entiende la indiferencia que sufrió su obra ante la crítica, en el pasado.

Lo interesante es que ni él se interesaba tanto en la crítica, ni la crítica en él, así que esa ruptura le permitió innovar y romper moldes y estructuras.

El poeta de marcado compromiso social es la “carne viva” de la ironía puesta en funcionamiento, mediante la sátira, el uso del grado superlativo, para poner de manifiesto la exageración de lo dicho, que por su propio devenir se torna afrenta y triunfo contra los poderes de toda índole, sean naturales o impuestos. Abigael con tono eminentemente teatral, si vivenciamos su oralidad, que es la otra cara de la obra poética, elemento fundamental que completa toda intención o búsqueda del decir. Su voz, sin retórica, es decir su verso pronunciado nos transmite el dramatismo, la sorna, la reflexividad y generan la empatía con el espectador; los silencios hablan y completan el verso como un ademán, como puntos suspensivos cargados de mímicas, de gestos, muecas, guiños y espectacularidad ante lo soez, lo injusto, lo mercenario del sistema opresor capitalista.

Abigael tiene un “corazón por huella”, es ese perro amado que murió de repente, sin más preámbulos y que al recordarlo valoramos sus hazañas, como un canto digno de un pueblo que ahora lo necesita para reconstruir su identidad, su raíz neovanguardista, que no es otra cosa que su lucha contra el desamparo y el olvido, esa gracia que el sistema tiene preparada para los verdaderos poetas que aportaron la enseñanza de que la poesía sirve para enaltecer, reivindicar, perdurar, avanzar con riqueza lingüística hacia el futuro. Por suerte y para bien la puesta en valor de un poeta no depende de uno o dos rufianes, sino de un pueblo (que puede ser un puñado de personas de cualquier parte del mundo), con sensibilidad y convicciones, pero por sobre todo con la profunda certeza de que se hace justicia cada vez que se desempolva un manuscrito de uno de los nuestros.