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Cuando celebrar significa aprender

Cuando celebrar significa aprender

Cuarto día

Por Carlos Sánchez

Y así el curso de los días. Los días que son festival. Los días que la vida nos ponen a la mano un títere como aprendizaje. Una canción que nos hace bailar. Una leyenda que nos cuenta cómo los primeros hombres vinieron a la tierra que fueron tierra misma.

En el Festival Kino se pondera la alegría. La alegría de saber, aprender y conocer las otras culturas que nos legaron nuestros antepasados, esos que habitaron desde siempre en este desierto que es Sonora.

En el Festival Kino edición 21 un niño escucha y mira la historia que un hombre diminuto al que le llaman títere. En la mente del niño ni por asomo existe la palabra imposible, atenuante para inmiscuirse en la historia que cuenta con destreza ese hombre diminuto arriba de un escenario.

Ayer como hoy, como antier, el arte es un juego que seduce y encanta. Mirar a las mujeres de la comunidad Tohono O’odham manifestarse con el cuerpo mientras la voz de un integrante de su etnia cuenta a manera de canto la historia de una flor que está sola, es aprender la importancia con la que los O’odham observan y viven la naturaleza.

Colorido el atuendo, honesto y profundo el movimiento, plausible y desgarrador el canto. La expresión tiene nombre: Akimel O’odham cantos y danzas tradicionales.

En la plaza, a un lado de la fuente, mientras esto ocurre, un padre le traduce a su hijo la exposición de motivos que el cantador oferta a los espectadores. Y es precisamente el espectador quien escribe el verso final de lo que observa.

Así el arte y su contenido formativo. Los paseantes que encuentran a su paso el teatro como una vía para apreciar la vida de los otros.

Papá está en la Atlántida es una obra de la autoría de Javier Malpica, y vino a Magdalena bajo la dirección de El Fénix producciones.

Mirar la vida de dos niños que añoran la presencia del padre, vivir sus avatares diarios, implícita la capacidad lúdica y fantástica, con su lenguaje coloquial y ale viaje como una exploración, mirar y sentir las agresiones que conlleva el racismo, encontrar las fórmulas para seguir avanzando al objetivo que uno se traza, son algunas de las experiencias vividas mientras se contempla esta propuesta dramática. Y ocurrió allí, en el umbral de la iglesia Santa María Magdalena.

Allí mismo, después de la obra de marras, un concierto de rock con Lucía, esa agrupación musical que hizo sonar el requinto. La alegría de ese género que prende y hace cantar.

Para todos gustos, para todo público. El rock and roll como un rescate de lo que predominó en los años sesenta: Los moustros del espacio exterior con su saxofón, guitarra, batería y esa voz que suena a divertimento y transmite euforia. Bailar si es preciso y el público dice que sí.

Esto en exterior de la iglesia, donde hora antes, en el interior, se celebró misa conmemorativa del descubrimiento de los restos del Padre Kino. Y un canto de coro en voz y dirección de la maestra cubana Maribel Ferrales.

La liturgia, el arte, la educación. Y en esta edición del Festival Kino, celebrar significa aprender.