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El arte como un sueño impostergable

El arte como un sueño impostergable

Segundo día

La alegría de la palabra. El conocimiento como un cauce natural que se comparte.
Los años de profesión en la vida de Alejandro Aguilar Zéleny, antropólogo, desencadenan en una conversación con alumnos de la escuela Horacio Sobarzo de Magdalena de Kino en contexto del Festival Kino edición número 21.
Los educandos abren los ojos intentando capturar las palabras que desenvuelven la Charla sobre identidad y ritualidad entre el desierto y la sierra. Todo se vuelve maravilla cuando se ilustra la identidad, los usos y costumbres de los habitantes de la región antes descrita.

Tiene su esencia el Festival, y consiste en esto: mostrar la historia de lo que somos, a través del conocimiento de quienes investigan y a la postre comparten.
Alejandro Aguilar Zéleny, desde su palabra, es ya un referente de la cultura y tradición de nuestras etnias. Los niños que asisten a la escuela Horacio Sobarzo, contienen en su memoria lo que significa el paisaje, y cuál es el hábitat de los moradores del desierto y la sierra de Sonora.

Por la tarde, en el centro de Magdalena, los transeúntes encuentran a su paso la alegría de un desfile. La identidad se pinta de colores el rostro, un carro alegórico dice presente en el recorrido y es la alegría vista por niños de la mano de sus padres quienes acompañan el recorrido.

La celebración de la existencia de un misionero que dejó huella en la región sur de Sonora, es siempre un motivo para celebrar y conlleva implícito el deseo de recordar su legado en un acto de gratitud. Eusebio Francisco Kino a través de su ideología representa el paso más trascendente de la ruta de las misiones: Magdalena, Caborca, Tubutama, Sáric, Átil, Oquitoa, Pitiquito, entre otros.

Entre charlas y presentaciones de libros, talleres y presentaciones musicales, el Festival Kino continúa su curso.

La inclusión como una mirada hacia los que habitan más allá. Un taller de escritura se gesta en el Cereso de Magdalena. Desarrollar las habilidades creativas es la premisa. Leer y conocer autores sonorenses, esa lista de escribidores que construyen el acervo bibliográfico de publicaciones de Instituto Sonorense de Cultura. Saber qué se celebra y por qué, en el presente festival, es objetivo también de este taller. Escuchar los relatos autobiográficos, conversarlos entre quienes asisten al taller.

Los alumnos extraen de sus capacidades los versos más espontáneo y poético. La vida como argumento, el dolor como un digno apellido. La creación desde la palabra como un bálsamo de dónde agarrarse para construir el regreso a la libertad.

La música parecería ser el colofón más preciso. Orquesta Filarmónica de Sonora en un concierto en exterior, allí en el umbral de la iglesia Santa María Magdalena. De Sinatra a Manzanero, un recorrido musical por los años del big bang, el bolero, la expresión vocal que dicta nostalgia y pasión, tres cantantes que son entrega: Paloma Ledgard, Cristopher Roldán, y Edgard Romero.

Júrame que aunque pase mucho tiempo… el verso hace estremecer a la audiencia. El remate de las notas que acompañan la tesitura de voz de Roldán, son analogía de ese río que de improviso crece en el poniente del pueblo.

Después de este concierto, donde los aplausos incitaron al regreso de la orquesta y sus cantantes, supimos que el día que ya se avecina, de festival, es la espera más anhelada de habitantes y visitantes de este pueblo mágico que es Magdalena.

Hoy también habrá fiesta, la formación de sociedades a través del arte, la palabra, el canto y bailar que es un sueño impostergable. Porque ya se acerca el concierto con la Orquesta de Andrés, el Chino Medina.