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Una obra de teatro a partir de la poética del lugar en el que se vive El espacio que habito: un homenaje a la historia de la Cruz Gálvez

Una obra de teatro a partir de la poética del lugar en el que se vive  El espacio que habito: un homenaje a la historia de la Cruz Gálvez

elespacio2Carlos Sánchez

Julio Perea es la claridad en las ideas. Tiene la certeza de sus objetivos. Tiene el deseo de compartir lo aprendido. Y de allí: aprender.

El proyecto que desarrolla se describe magnánimo, porque toca la vida de los niños. Para siempre. Desde la actuación, desde la dramaturgia que se construyó también a partir de sus voces, sus historias de vida.

El espacio que habito es una obra de teatro que pronto estará representando a Sonora en un Encuentro Nacional de Teatro. Julio Perea nos conversa los argumentos y objetivos de este montaje.

–Julio, ¿cómo surge la idea de este montaje y cuáles son los objetivos?

–Lo primero es que salió una convocatoria en el transcurso de 2017, a principios de febrero, en el cual se convocó a directores de los estados de la república a que presentaran un proyecto para formar parte del Encuentro Nacional de Teatro Hecho por Niños y Niñas, un programa que es de Alas y Raíces, que depende de la Secretaría de Cultura, donde sobre todo se busca que los niños sean partícipes en la creación de obras de carácter semi profesional, que los niños se involucren de manera muy activa en lo que es la puesta, el montaje, incluso en la parte de dramaturgia.

Presenté un proyecto en el cual mi deseo era trabajar con niños del internado Cruz Gálvez, también por esta idea de que en 2017 la Cruz Gálvez cumplía cien años de haberse erigido en este estado y considerando que es un suceso importante del cual hay que hablar. Afortunadamente el proyecto fue beneficiario del apoyo y desde agosto del año pasado vengo trabajando con estos niños de la Cruz Gálvez.

El espacio que habito es una obra en la que tomo como premisa un libro que se llama La poética del espacio, de Gastón Bachelard, donde se habla y se dice que cada cuarto de nuestra casa tiene un recuerdo significativo, posee un tipo de valor, y que cuando uno piensa de su casa, quizá de la infancia, inmediatamente puede asociar esos espacios que de alguna manera encierran cierta poesía y es poesía de vida. La premisa es hablar de la parte poética que tiene el edificio de la Cruz Gálvez, como una casa que ha alojado a muchas generaciones de niños, en un principio huérfanos, ahora ya no, pero siguen estando en el internado, y las casas particulares de cada uno de los niños, y las historias de vida de cada uno de los niños que pasan por la Cruz Gálvez. El espacio que habito es en sí un homenaje a la historia de la Cruz Gálvez, de cómo se formó, pero también es un homenaje a la vida de las familias de estos niños que están participando en esta obra.

En el reparto de la obra hay cuatro niños: Ximena, Cael, Raquel, y Dulce, todos ellos en una edad de entre los once y doce años.

–¿Cómo fue el proceso de construcción de la dramaturgia de esta obra?

–Para la dramaturgia, lo primero que hice fue irme a los archivos, a la parte más histórica de cómo se hizo la Cruz Gálvez, la historia de José Cruz Gálvez, la historia de Plutarco Elías Calles, los sucesos significativos de la escuela desde sus inicios en 1917, luego en 1919, incluso la historia contemporánea más reciente como en 2006 que se incendió el techo del dormitorio de las niñas. De ahí se seleccionaron cuáles eran los pasajes más interesante que había que contar para que un público de otra parte de la república entienda de qué va la Cruz Gálvez, y una vez ahí empezar a trabajar con los niños lo que es la descripción de su espacio personal, en este sentido de para ti cuál es el lugar que más te gusta de la Cruz Gálvez, porque por ejemplo para ti cuál es el lugar que más te gusta de tu casa, y por qué ese lugar. En base a esos testimonios fuimos construyendo en paralelo, la dramaturgia, entonces es una obra en la cual se entreteje el hecho histórico, el hecho real y contextual de estos niños que están participando.

–¿Cuál fue el criterio de selección de los actores?

–Como nunca había trabajado en la Cruz Gálvez, lo primero que hice fue hacer un propedéutico de una semana, en ese propedéutico hicimos una construcción de ejercicios de la pintura, desde dibujos, luego unas pequeñas animaciones, en realidad el casting ni siquiera fue tan teatral, fue más un proceso de ver cómo trabajaban los niños que estuvieran en un rango de entre diez y doce años de edad. A partir de ahí fue encontrar la química de algunos niños con los que creí y supuse que son los mejores elementos para trabajar en la obra, y hasta la fecha me han funcionado.

–¿Cuál ha sido tu aprendizaje con este espacio y con estos niños?

–Sobre todo ha sido que me sorprende mucho cómo estos niños se defienden ante la vida y cómo poseen una madurez que muchos niños de su rango de edad quizá no tendrían. Eso es en gran parte por las vivencias que tienen, pero también lo que me sorprende es que no dejan de ser niños, cohabita esta dualidad entre lo que es el infantilismo y la madurez, en ellos. He aprendido que las familias de alguna manera son un gran soporte para ellos y para cualquiera de nosotros, y que en gran medida nosotros somos reflejo de esa familia, de ese núcleo familiar que nos toca estar allí. Quizá podrán pasar muchos vericuetos, muchas pericias, quizá no sean las familias perfectas, pero están allí, siguen estando allí, creo que eso es algo de lo que he aprendido de este montaje.

–¿En qué espacio son los ensayos, en qué horario?

–El espacio de ensayo ha sido siempre la Cruz Gálvez, desde que se aprobó el proyecto siempre hemos tenido el apoyo de Obed González, el director del internado, y de la profesora Alma Elsa Valenzuela. Por cuestiones del trabajo de los niños se acordó que los ensayos deberían ser como los de un taller, los niños reciben taller todos los días de tres a seis de la tarde, nuestros ensayos han sido lunes, miércoles y viernes en ese horario, hemos entrado en esa misma dinámica de la escuela, y respecto a cómo han sido las reacciones de parte de los niños, la verdad muy entusiasmados porque se les planteó un proyecto donde el gran premio es viajar a Aguascalientes, representando a Sonora, es poder estar una semana allá, que compartan esta experiencia que supone la obra, con los otros treintaiún estados de la república.

–Los ensayos de la obra son en la biblioteca, ¿cómo te incentiva el lugar para dirigir?

–Ya desde que uno entra a la arquitectura de este edificio, lo pone en contexto a uno de manera inmediata, ver esas grandes paredes, esos techos gigantescos de más de tres metros de altura, las vigas. Y uno se encuentra mucho, si escarbas tantito dentro de la biblioteca, te encuentras retratos antiguos de José Cruz Gálvez, de Plutarco Elías Calles, lienzos como de un metro y medio como por un metro, más o menos, y luego si uno se pone a buscar en los archiveros arrumbados se encuentra fotografías de gente que ha pasado por la Cruz Gálvez, de ciertas festividades como de quince años y otras cosas que se han hecho allí. Es un espacio que te invita a jugar con la búsqueda de la memoria.

El espacio que habito se estrena el 15 de marzo a las seis de la tarde en Internado J. Cruz Gálvez, posteriormente viaja a Aguascalientes.