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Marín Caparrós. Periodismo es contar lo que muchos ni siquiera quieren saber

Marín Caparrós. Periodismo es contar lo que muchos ni siquiera quieren saber

FeLiH 2017, La Historia, Martín Caparrós (2)

Por Carlos Sánchez

 

Leer a Martín Caparrós es concluir que es un monstruo de la observación. Construye sus historias desde las preguntas, luego las desenvuelve desde la descripción. El timing, la poesía, oraciones que se convierten en un solo de percusiones.

Tiene Caparrós ese ritmo que poseen los argentinos cuando conviven con el futbol. Introducirse en la lectura de su propuesta es andar la media cancha en el llano. El júbilo de una gambeta es analogía antes del punto final en sus historias. En cualesquiera de los géneros que domina. ¿Será que Caparrós tiene la habilidad de levantar el balón, ponerlo en su cabeza, luego en la nuca, y de ahí enviarlo a la rodilla? Quizá sea esta pregunta un enigma perenne.

Lo que sí es evidente, los reconocimientos lo avalan, sus publicaciones ídem, es la vocación de escribir. Esa vocación que, recuerda Martín, surgió en la infancia, con los siete años de edad a cuestas donde ya pergeñaba palabras para soltarlas en el decir de la vida.

Hoy le ha tocado al argentino tocar la tierra donde predomina el béisbol, donde apenas los intentos por la existencia de un equipo profesional de fut sabe a insipiencia. Martín fungió como parte fundamental del programa de la Feria del Libro en Hermosillo (FELIH 2017) organizada por el Instituto Sonorense de Cultura.

Vino a presentar su ópera prima, La historia, novela que se reedita muchos años después. Antes de subir al escenario, antes del encuentro con sus lectores, Caparrós atiende esta conversación:

 

Dieciocho años después la reedición de La historia, la novela más importante en tu ejercicio escritural, ¿qué significa para ti esta reedición?

Como tú dices, La historia fue publicada por primera vez en mil novecientos noventainueve, el siglo pasado, y era una novela muy de fin de siglo, pero se publicó solamente en Argentina y en una edición muy chiquita, de novecientos noventainueve ejemplares, y ahora casi veinte años después, Anagrama, en España, decidió reeditarla y a mí me da mucho gusto porque efectivamente es el libro que más me importa haber escrito, me pasé diez años de mi vida escribiéndolo, y me interesa todavía mucho de lo que hay adentro, hace poco tuve que releerlo para entregar de nuevo el manuscrito, y fue muy curioso porque me pareció que hace mucho no leía algo tan raro, es un libro muy raro, en el sentido literal, algo de lo que no hay mucho, es muy distinto de lo que suele escribirse, incluso de lo que yo suelo escribir, eso no bueno en sí, quiero decir que puede ser distinto y malo, pero a mí me pareció bien interesante pensar que hay un intento por hacer algo diferente de lo que se hace, después me pareció muy raro haberlo escrito yo, pero eso es mi problema conmigo mismo.

 

A la distancia.

Claro, iba leyendo y me iba diciendo, ¿cómo se me pudo haber ocurrido tal cosa, tal otra? Está lleno de cosas que me sorprendían y la verdad que es interesante cuando vos mismo te sorprendes.

 

¿Como escritor te darás tiempo para la reflexión y concluir que naciste para escribir este libro?

Siempre desconfío de las ideas de propósito y destino. Yo no sé ni para qué nací ni por qué, no creo que nadie pueda decir que lo sabe, pero en todo caso sí, por un lado me da mucha satisfacción haberlo escrito y por otro lado es cierto que reconozco ahora a la distancia, veinte o veinticinco años después del momento de la escritura de La historia, que si no hubiera escrito eso, no hubiera escrito nada de lo que escribí después, porque me parece que es ahí donde terminé de armar algún estilo o sistema que puedo reconocer como propio.

 

Es interesante lo que dices sobre no saber para qué naciste, pero sí hoy, en esta carrera y ante tu trayectoria, seguramente ya tienes una conclusión de cómo fue el momento en el que ya estabas arriba de este tren como oficio que es la literatura, el periodismo.

Nunca pienso mi vida o actividad en término de carrera, porque realmente no tengo la sensación de estar yendo hacia ninguna parte, sino que simplemente tengo el enorme privilegio de haberme pasado por lo menos los últimos cuarentaicinco o cincuenta años (tengo sesenta) haciendo lo que me interesa y me gusta hacer, entonces no lo pienso como una forma de tratar de llegar a alguna parte. Nunca me pensé distinto, cuando tenía siete años empecé a escribir cositas y nunca dejé de escribir cositas, es lo único que hago, lo único que me importa hacer, la sensación es como de gusto y de alivio, por tener y seguir teniendo el privilegio de poder hacer lo que me gusta. Tú me preguntabas hace rato que si estaba trabajando, y nunca tengo la sensación de estar trabajando, estoy viviendo.

 

¿A qué crees que se deba la fidelidad de tus lectores, los que te siguen?

Serán fieles más o menos. Uno sabe que un lector es un sujeto infiel por excelencia, te está traicionando todo el tiempo con otro, gracias a Dios, quiero decir que la lectura es el ejercicio de traición permanente, uno se entusiasma con alguien, lee mucho a alguien y después en un momento dice ahora lo voy a traicionar, voy a leer otras cosas y así se va armando uno, por lo menos yo digo como lector, una especie de panorama, de panteón, de mundo lleno de fidelidades e infidelidades simultáneas.

 

Cuéntame tu relación con la crónica.

Me importa contar y pensar lo que pasa en el mundo, es obviamente una de las cosas que más me interesan. Eso se puede hacer de muy distintas maneras, se puede hacer desde la ficción, desde la novela, desde los cuentos, y también se puede hacer desde lo que a falta de mejor nombre llamamos la no ficción, tomar, averiguar una serie de hechos reales, de datos, de situaciones y tratar de contarlas de la mejor manera posible, una crónica en definitivo es eso: usar las armas narrativas de las que uno dispone para contar algo que averiguó de una manera tal que de eso resulte un relato atractivo, interesante, sugerente, revelador, y no veo como podría no interesarme eso siendo que bueno soy periodista desde hace más de cuarenta años, soy escritor desde siempre, la combinación más extrema de esos dos intereses, del periodismo y la escritura, yo creo que es la crónica.

 

En México están matando a los periodistas, tenemos el caso más reciente de Javier Valdez, de Sinaloa. En México están matando a los periodistas, ¿cuál es tu reacción ante este tema?

Lo sé y sin conocer personalmente a Javier Valdez lo había leído, seguía su trabajo, teníamos amigos comunes, y me impresionó mucho obviamente cuando lo mataron, pero también es cierto, lamentablemente, uno de entre muchos más. Hace poco hablábamos con el director de RíoDoce, Ismael Bojórquez, con quién sí coincidimos un par de veces, y hace un par de semanas estuvimos casi la misma semana en el festival que organiza la fundación de García Márquez para el nuevo periodismo, en Medellín, y unos días después en Nueva York, porque nos daban unas distinciones, y charlamos bastante, y a mí me impresionó mucho la determinación de Ismael y de su gente y de tantos otros periodistas en México que no quieren dejar de hacer lo que hacen aunque a veces el precio es carísimo, puede llegar a ser la vida. Ismael decía, bueno, lo que tenemos que hacer es trabajar, contar lo que pasa es lo que hacemos y no se podría dejar de hacer, pero hay que calcular hasta adonde hacerlo sin que eso te cueste la vida, y lo que quizá más me impresionó es que no se hacía grandes ilusiones sobre el efecto de su trabajo de periodista, o de nuestro trabajo de periodista, pero no hacía que pensara en dejar de hacerlo. Me impresiona mucho la situación del periodismo en México, cada vez que puedo hago lo posible para ayudar y espero que en algún momento el estado mexicano se haga cargo, no puede seguir mirando para otro lado, las cifras son increíbles en los últimos años, me contaban que de casi setecientos casos de violencia sobre periodistas, se resolvieron tres. Es un caso de crímenes de estado que es muy sorprendente que se produzcan y no se haga nada al respecto, el estado mexicano es totalmente responsable de esto que está pasando, y mientras no se haga cargo, seguramente, para desgracia de todos, va a seguir pasando.

 

¿Para qué debe servir el periodismo?

El periodismo debe servir para poner en cuestión lo que uno piensa, lo que uno cree, lo que uno sabe. Si el periodismo solamente te ratifica lo que ya suponías, lo que ya creías, no es periodismo, es una actividad burocrática como cualquier otra. El periodismo que a mí me interesa es ese que te hace pensar: carajo esto yo no lo sabía, esto yo no lo pensaba, esto no lo había entendido, y si no sirve para eso, para ponerte en cuestión y hacer repensar lo que ya pensabas, sirve para muy poco.

 

Hay una frase tuya que me incitó a la reflexión. Comentas que no escribes pensando en un lector, entonces ¿lo tuyo es una conversación interna y nada más?

Lo que pasa es que la idea del lector sirve como excusa muchas veces, para muchas cosas, por un lado cuando se dice tengo que escribir de manera que mis lectores me entiendan, en general eso son cosas que mucha gente usa para no exigirse todo lo que puede sino decir no, ah, bueno, los lectores no entienden mucho, tengo que hacer algo facilito, y yo no creo en eso, creo que uno tiene que hacer lo mejor que puede hacer y después seguramente habrá lectores que estén en condiciones de apreciarlo, disfrutarlo, valorarlo, de aprovecharlo. Y por otro lado está este tema que cada vez aparece más, esta idea de tratar de complacer al lector, que tienen más que los periodistas, los medios, y entonces les dan basura, quiero decir esto que pasa últimamente en las páginas web de los medios en general, que si uno mira cuáles son las notas más leídas, son porquerías de la farándula, de los futbolistas y las tetonas. Me parece que si nos sometemos a eso, estamos dejando de hacer periodismo, por eso yo últimamente digo que es ahí donde hay algunos que suelen decir que periodismo es contar lo que algunos no quieren que se sepa, estoy acuerdo con eso, pero también hay que ir un poco más allá, periodismo es contar lo que muchos ni siquiera quieren saber, porque están mirando para otro lado, porque están mirando estas tonterías que muestran las listas de las diez noticias más leídas, y ahí uno no puede basarse en esa idea de lo que quiere el lector, tiene que basarse en la idea de lo que uno piensa que como periodista vale la pena de ser contado, eso es un asunto entre uno mismo y su experiencia y su conciencia.