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Pestes del siglo XXI: La devastación de lo que somos ¿sin darnos cuenta?

Pestes del siglo XXI: La devastación de lo que somos ¿sin darnos cuenta?

 

Carlos Sánchez

No hay lugar para la complacencia. Hurgar los diálogos, las locaciones, los personajes, es encontrar el olor de la desesperanza. Por eso la portada del libro lo advierte: Pestes del siglo XXI. Roberto Corella lo rubrica.

Es dramaturgia y lo sabemos porque en la esquina superior derecha vista la pasta de frente, nos lo advierte. De no ser así, podríamos los lectores, no inmutarnos del género. Porque en estas páginas habita la poesía, el ensayo, la crónica, la novela, amalgama como consecuencia de esa pasión por escribir que posee al autor.

Dejarse ir como un padecimiento de la palabra, el oficio que le quema las manos y en el cual llegará la sanación solo cuando ya en su soledad ponga el punto final en cada una de sus obras.

Esto es Roberto Corella, esto es el contenido de sus obras, estos son sus temas: Roberto describe desde su impotencia, un país abatido por la violencia, la cotidianeidad devastada, los saldos de un estado donde la educación se convirtió en quimera, simulación. Se cambian libros por balas, por estruendo consuetudinario.

Pestes del siglo XXI reúne cuatro obras de teatro: Por siempre Jamás, Variopinto, La más perrona remix, y En familia. No hay aquí discurso de ornamenta. No estamos en este oficio para reseñar la socialité y sus bodas y bautizos y compromisos nupciales, parecería decirse a sí mismo el escritor.

Roberto indaga, construye, escribe, desde los escenarios más descarnados y contravenidos. Sus personajes respiran crueldad, aspiran el polvo fétido de su propia historia, lo que les ha tocado ser y vivir por inercia, en el regocijo de una generación, la del siglo XXI, que ondea como bandera la cultura de la deshumanización. Matar es un juego de niños, la traición se ejerce en la familia, las personas tienen como precio el deseo de quien puede pagarlo. Así de devaluado el latir de un corazón. Hasta apagarse en las manos del tirano.

La palabra es un cincel que esculpe personajes, que hilvana locaciones, que construye el ir y venir de las ideas. Las ideas aquí dichas emanan de la obsesión de Roberto escritor, quien en su generosidad ordena diversas regiones de su mirada, sus conclusiones, las que incluyen de manera puntual el ser humano y sus capacidades, sus incapacidades, la realidad de la sociedad que somos.

Al paso de la lectura de Pestes del siglo XXI, las preguntas son una constante. ¿De dónde surge tanta necesidad del dramaturgo por mostrarnos esos mundos, la periferia, la marginación, el desasosiego de sus personajes que son tan nuestros y los palpamos con tanta realidad?

La maravilla, como lector, también se manifiesta. El júbilo nos posee, porque entonces al ir leyendo uno va encontrando a los camaradas del barrio, la novia que cambió de bando y se trepó una tarde a una camioneta con música de banda y corridos de narco. El carnal que salió una mañana y regresó jamás.

El estilo con que Roberto construye, es una fábrica de emociones, porque la sugerencia es plausible y se agradece, incita al descubrimiento de lo que subyace: ¿por qué Sarai es así, en qué momento el cura torció el rabo y se puso a la orden de la otra célula del narco traicionando a su propio hermano?

La información que encontramos en cada una de las obras que incluye Pestes del siglo XXI, no podría ser sin la capacidad de contemplación y de análisis de quien las escribe.

Imagino entonces a Roberto Corella indagando en todos los rincones de la vida, investigando el lenguaje de una buchona, pergeñando los diálogos de un narcotraficante preso de sí mismo en el interior de su celda que es la inconciencia.

Roberto nos los pone ahí, enfrentito, a manera de invitación para que conozcamos esos mundos en los que afortunadamente no tenemos nada qué ver, pero en contrapartida están a la vuelta de la esquina. ¿Quién de nosotros se ha escapado de una muerte cercana por el tema del narco?

Corella suelta las canicas. Con libertad, con dolor, las reparte para que cada uno de nosotros armemos nuestro juego. Jugar a vivir, con la indolencia necesaria ante los embates cotidianos, los que nos muestran las páginas de los diarios, los rumores de los vecinos, la televisión y su espectáculo a manera de serie. Jugar a vivir, con la indolencia como escudo, para que no nos indigeste la cena antes de arroparnos con la sábana de la desesperanza que habita este siglo XXI.

Y su peste, inevitable.

*Texto leído en la presentación de Pestes del siglo XXI en Feria del Libro Hermosillo 2017 (FELIH).