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La cultura como una luz que nos guíe a ser mejores

La cultura como una luz que nos guíe a ser mejores

Crónica del tercer día del Festival Luna de Montaña 2017
Por Samantha Leyva*

Forrado por la verde flora, el paisaje montañoso es la escenografía tras el Centro Artístico y
Cultural de Huachinera. Las labores artísticas continúan en el recinto, aún con mayor ímpetu
durante el último día de la décimo tercera edición del Festival Luna de Montaña organizado por el
Instituto Sonorense de Cultura.

El tercer día de la jornada cultural arranca al ritmo del tango. Tango para el público adulto, que
disfruta de una solazada clase al aire libre mientras pequeños y pequeñas culminan sus clases
artísticas y preparan una demostración de lo aprendido.

En el corazón del municipio, el templo de San Lorenzo de Loyola se prepara para recibir la voz del
tenor Ignacio Quijada, que hace resonar las paredes con su interpretación de algunas baladas y
boleros mexicanos de grandes compositores.

Ya pasado el mediodía, los frijoles de olla y las tortillas de harina recién hechas alborotan el
apetito. Así también lo hace el libro ‘Un paseo por la comida tradicional sonorense’, co-autoría de
Josefina Mísquez, Marisela Hernández y Juan Galo Esquer, maestros de la licenciatura en
Gastronomía de la Universidad Tecnológica de Sonora, donde integran recetas de alimentos,
bebidas y dulces típicos de los setenta y dos municipios del estado, recetario que fue presentado
en el marco de los eventos del festival.

A propósito de gastronomía regional, los puestos de comida se acomodan alrededor de la plaza el
punto de reunión, conforme va cayendo la tarde. Hay elotes, churros, conservas y tacos de carne
asada: el sonido de las brasas lo avisa.

Niñas y niños corren por la plaza. Algunos perros buscan alimento. La gente empieza a tomar sus
lugares, se acomodan en las bancas o en cualquier lugar donde puedan ver lo que pasa en el
kiosco, donde tres parejas toman turno para adornar sus alrededores con delicados pasos al son
del tango. La danza argentina ameniza la noche y se recibe con aplausos.

A continuación, una peculiar orquesta se acomoda en el foro principal. En el escenario, se
encuentran listos quienes alguna vez otorgaron sus servicios al gobierno del estado u otras
dependencias públicas, y que ahora, han decidido convertirse en músicos. Es la Orquesta didáctica
de la Casa Club de Pensionados y Jubilados del ISSSTESON, conformada por personas mayores que hacen su debut fuera de Hermosillo. El ensamble ejecuta clásicas melodías bajo la dirección del
maestro Martín Armando Vejar, que se reciben con cálidos aplausos.

A la luz del satélite natural, las jornadas artísticas y culturales están por concluir. El festival ya es
un ícono y sólido referente, no solo para Huachinera, sino para toda la región norte y de la sierra
alta de Sonora, menciona el director general del Instituto Sonorense de Cultura, Mario Welfo
Álvarez Beltrán. Agradece las facilidades por parte del Ayuntamiento, reitera el gran el apoyo de
Jess Dávila como incansable promotor cultural así como la activa participación de los habitantes
serranos.

A nombre de la gobernadora, Álvarez Beltrán hace la formal clausura del XIII Festival Luna de
Montaña, en busca de que la actividad artística y cultural “sea la luz que nos guíe a ser mejores”. Y
así, invita al público a disfrutar la última noche de baile.

La plaza y las calles son la pista. Los pies se mueven al ritmo del acordeón de Roy Rosas. Dice que
no es la primera ocasión que visita Huachinera, pero sí la primera en que se presenta a tocar, muy
orgulloso de poder formar parte de este festival tan importante.

La yaquesita, Flor de capomo, Viva Tepupa. Hasta Las mañanitas. Rosas complace al público. Los
cuerpos al compás de la música norteña, de lo regional, de lo sonorense. Alegría palpable. Una
gran fiesta en lo más alto de Sonora, donde la luna acompaña y despide la celebración.

El domingo, Huachinera regresa a su quehacer cotidiano. Las campanadas del templo de San
Ignacio de Loyola dan el aviso y la comunidad se congrega para escuchar la misa de medio día, que
es dedicada en acción de gracias por el evento que culmina, y en esta ocasión, engalanada por la
soprano Marybel Ferrales en compañía del tenor Jorge Espinoza.

El viento corre fresco. Las coloridas fachadas van quedando atrás. El pueblo satisfecho, en ansiosa
espera del siguiente octubre, pues saben que cuando la luna llene, la sierra sonorense se pone de
fiesta.

*Samantha Leyva es estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de
la Universidad de Sonora y forma parte del equipo del Instituto Sonorense de
Cultura.