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Prohibido sentarse como señorita

Prohibido sentarse como señorita

Prohibido sentarse 3Carlos Sánchez

La exploración, la búsqueda. Un lenguaje que rompe los convencionalismos. Decir con el cuerpo. Construir una rendija desde la intuición, la garra, esa energía que da la pasión, la jovialidad. Despertar dentro de un escenario para compartir la entraña de los años de infancia. 

Teatro en el Incendio se llama la compañía. Vienen de Tijuana, participan en la Muestra Regional de Teatro del Noroeste cuya organización corresponde a Sonora a través del Instituto Sonorense de Cultura, en coordinación con el Fondo Regional para la Cultura y las Artes y con la participación de la Secretaría de Cultura.

Se abre el telón de Teatro de la Ciudad de Casa de la Cultura. Prohibido sentarse como señorita

Corrijo, desde que el espectador se posa en su butaca, el telón está abierto, los actores en escena, la sugerencia de competir en una carrera, el movimiento hacia la meta. Competir, siempre competir. 

Prohibido sentarse como señorita es el nombre de la obra, la cual, se oferta como un planteamiento conceptual y contemporáneo, por su versatilidad encajaría también de manera perfecta en Un desierto para la danza. 

El cuerpo como un apunte poético. No encontramos aquí la construcción convencional de un diálogo que desenvuelve la anécdota de una dramaturgia convencional. La dramaturgia se da en las acciones, en la plástica misma de la obra. La poesía, la poesía. Un montaje de manera integral que se hace y se asume en el riesgo de Prohibido sentarse como señorita (2)proponer otros caminos para el decir. 

Encontramos aquí el compromiso vital que debe contener el arte. Desde el inicio, con la proyección de esas imágenes (donde el pene es molestia para algunos espectadores, algunos que no aguantan el embate y se retiran de la sala) sabemos que la complacencia es un término inexistente en este trabajo. Y qué bueno. 

Desde el inicio, insisto, la acción de competencia nos sugiere la cultura en la cual hemos sido formados. Luego un golpe discreto que da uno de los competidores a su compañero de al lado, de facto nos lleva a la crueldad de esos años donde fuimos víctimas o victimarios. Desplazar al otro para seguir avanzando, o simplemente desplazarlo como un ejercicio de poder. 

Prohibido sentarse coProhibido sentarse como señorita (5)mo señorita, es el llamado a cuentas. Los saldos que arroja la violencia interpuesta por el varón que somos. La educación de la que hemos sido objetos, un molde arcaico, un juguete para el ejercicio de la ira y el poder

Está aquí, entre muchas cosas más, con recursos por demás ingeniosos, la devastación que acontece en la noche de boda, el acontecimiento trágico de él contra ella. A manera de símbolo, una piñata vestida de novia. La representación más ejemplar de la historia de violencia que inicia al decir sí ante un cura, con la sonrisa como emblema de gente de bien, la celebración y aprobación social.

Aquí no hay fiesta de celebración, hay la condena del espectador, el juicio mortal para ese personaje que uno intuye ha declarado ser gay. A la horca, el destierro. Y curioso, premeditado, nunca jamás volveral escenario, ni para agradecer, ni para mirar los aplausos cuando la obra llega a su fin. 

Siempre que el impulso, de escribir sobre lo que miro, me aprehende, siempre sé que no diré todo lo que deseo. Porque no cabe en un texto toda esa conmoción que genera la contemplación de una obra. Como es en el caso, los saldos, de presenciar Prohibido sentarse como señorita. Solo atisbo a lo que mi capacidad o incapacidad, puede decir. 

Encontré aquí, en esta propuesta, los retratos de la infancia, los caminos equívocos donde se funda el carácter, la personalidad, las consecuencias que a la postre caben de manera perfecta, en una sola palabra: infelicidad. 

Cuánta violencia ejercemos todos días. Quién se salva de esto, cómo se logra. En la memoria habita como un grito, un empellón. Anoche nos lo refrendaron los integrantes de Teatro en el Incendio, con este llamado inminente a la reflexión.