• Instituto Sonorense de Cultura

  • 01 662 2134411
  • direccion@isc.gob.mx

La conexión de poema y lector

La conexión de poema y lector

Reseña sobre el libro El espejo en añicos o nunca terminarás tu novela, de Christoper Alexter Amador Cervantes, Director General del Instituto Sudcaliforniano de Cultura

 

Por José Manuel Ávalos*

Christoper Amador vuela desde las bajas californias como ánforas cargadas de viento peninsular para traernos a los hermosillenses la poesía. Entonces decimos que la poesía viaja. Se adapta al refrán: “Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. La poesía, por consiguiente, en estos tiempos trae hambre de lectores. Así lo dice Christoper. La retrata en nosotros, ojos fijos en su poética; una búsqueda constante como autor es la poesía, un camino para llegar al lector adecuado. Asimismo, denota a su lírica como experimentaciones distintas. No todas formadas en un mismo esquema, mucho menos en periodos de tiempo exactos. Se trata en sí, por la construcción del mismo poemario, en llegar desde la métrica, una educación clásica, y ser estrictamente atento al desenfreno o al llamado natural. Una premisa: conseguir un puntaje exacto con el lector. Premisa orgánica: alcanzar al rango de las emociones.

 

De buenas a primeras, el título ya impacta. Te hace mirar un espejo y, en realidad, no ver nada. Ver un vacío. Quizás un vacío que, como cuenta el autor, se llena leyendo, aprendiendo y fracasando. El libro, Premio Nacional de Poesía Sonora 2010 “Bartolomé Delgado de León”, intenta ampliar los horizontes que la literatura del noroeste tiene en sus manos, casi como raíces de la cultura en forma de árbol, y mostrar una cara nueva a la literatura centralista en el país: la que, quizás no es la mejor, pero sí la más leída.

 

Christoper Amador presenta El espejo en añicos o nunca podrás escribir tu novela en la ciudad donde fue editado el libro el pasado 2010, en el marco de la Muestra Regional de Teatro del Noroeste 2017 e intenta poner al lector frente a frente al texto, igual que a un animal que descubre el fuego, la luz o un rayo. Emocionarlos. Si no descubrir algo novedoso y magnífico, sí algo que los deje pensar y saber si regresar o no a las lecturas. Entre líneas, varios poemas son dirigidos –cuenta Amador- a su hijo que en el 2020 ya será alguien que pueda leer dichos textos. Es cuestión, dice, de imaginarse las lecturas que en aquellos tiempos habrán de leerse. Eso es. Proyectar algo que aún no se tiene certeza que pasará. Todo es incierto, hasta la poesía a largo plazo.

 

El poeta se describe, desde sus inicios, como un lector voraz e insaciable. A primeras cuentas, uno siente envidia. Leer y leer, dicho desde su voz con una facilidad. Todo sobre tener control y sentimiento al leer, todo esto por la tradición (regresando a lo clásico antes mencionado). Amador hace un hincapié en escribir libros no sólo buenos, pero diferentes, un descanso a lo mismo, divisar entre las constantes que rellenan las repisas de las librerías como un refrigerador con la misma bebida.

 

Con este libro se intenta observar el fondo del poema como un martillo y un clavo tratando de incrustarse en la pared, alma del lector, donde habrá que martillarlo hasta que penetre de forma adecuada, al igual fondo del que nos lee, intentando conectar al texto con sus emociones. Amador lo dice con cierta confianza. Más que eso: seguridad de que así será. Manejará, entonces, a quien pruebe su manjar poético, como quien degustara al ambigú, una contemplación fija y un audaz control del lenguaje como una propuesta novedosa que se representa en silencio; dice todo y a la vez nada. El sentimiento será igual. Cristopher Amador, partiendo desde éste, uno de muchos libros que yacen bajo la manga lírica, camiseta con retaches emocionales, propone una perspectiva realista de lo que va dirigido a un lector que ansía un libro como El espejo en añicos o nunca terminarás tu novela.

 

*Estudiante en la Licenciatura en Literaturas Hispánicas de la Universidad de Sonora.37394350901_efa9921356_k