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Lo malo del poder es después no poder

Lo malo del poder es después no poder

Por Óscar Grajeda

 

El certamen para elegir quién habrá de representar a Sonora en la Muestra Regional de Teatro fijó la expectativa alta al comenzar con la presentación de No ser sino parecer, primera parte de la última trilogía del dramaturgo Sergio Galindo, una institución del teatro sonorense que goza de reconocimiento nacional por obras como Güevos rancheros y La siembra del muerto. La puesta en escena fue montada por la compañía Juílas Teatro, otrora conocida como la Compañía Teatral Norte y dirigida por Paulo Sergio Galindo, heredero de la sensibilidad artística de su padre.

 

No ser sino parecer es una comedia de enredos situada en la alta sierra sonorense, en una localidad ficticia llamada Pueblo Siguiente. En esta, el candidato a la presidencia municipal (Francisco Verú), amedrentado por el narco, invita con engaños a un grupo de actores itinerantes a participar en una suplantación a causa de la gran semejanza que existe entre el Actor (Sergio Galindo) y el candidato Pancho Peña. Después de las elecciones, el Actor y su secuaz  Augusto (Paulo Galindo) pronto descubren la forma de sacar provecho de la situación, corrompiéndose por los venenosos embelesos del poder  y, también, quizás, por empezarse a parecer demasiado al candidato.

 

El texto dramático está escrito en verso, pero –como es característico del teatro de Galindo– también rescata el habla coloquial de la sierra sonorense. La amalgama entre estas dos formas de expresión, más que desencajar, dota de cierto encanto lírico a la representación. Y es este contraste un motivo en sí mismo, que queda establecido entre este choque de mundos: el habla culta, personificada por los actores y el habla vulgar, propia de los habitantes del poblado.

 

No ser sino parecer está nutrida por múltiples referencias literarias y remite a la comedia clásica de Plauto, Anfitrión, pero extrapolada al contexto sonorense, donde no solo nos permite reconocer una estampa de la identidad cultural del estado, la actual, sino que filtra numerosos elementos que dan cuenta de la realidad política y social de Sonora y de todo México.

 

La dirección de Paulo Sergio Galindo ofrece una visión revitalizada del teatro de su padre. La propuesta escenográfica remite a la de la puesta en escena de Cananeas (Sergio Galindo), donde los elementos que la componen son transformados para aprovechar todas las posibilidades del espacio. La plasticidad del escenario se complementa con el trabajo de iluminación, que sin duda dotan de una cara más moderna a la nueva producción de Juílas Teatro.

 

El reparto y su apropiación del texto serán, sin duda, un elemento duro de vencer en la Muestra. La actuación de Francisco Verú (Pancho Peña  – Valentina) reflejó toda su versatilidad, así como su gran talento para representar los gestos y hábitos que caracterizan a los sonorenses. La participación del autor (Sergio Galindo – Actor) y director (Sergio Paulo Galindo), justamente en los papeles de los actores, ofreció un cariz único a la puesta en escena por posibilitar un divertido guiño con el púbico, sobre todo al inicio, cuando los personajes reflexionan críticamente sobre el quehacer escénico. La actuación de Saúl Barrios (Rafai) completó el cuarteto estelar con un personaje difícil y secundario, pero valioso e imprescindible en el juego de tensiones y dualidades quijotescas de la obra.

 

No ser sino parecer es una obra inteligente que oculta su virulencia en la comedia; una obra mordaz que aborda con humor muchos vicios culturales de la realidad sonorense y nacional, donde la política y la corrupción forman parte de la idiosincrasia del mexicano, donde el chingas o te chingan es casi un instinto natural o un mal hábito, que se nos enseña con el fin de ostentar aunque sea por un momento un poderío, una ventaja pasajera. Aunque, como cierra la obra, “lo malo del poder es después no poder”.