• Instituto Sonorense de Cultura

  • 01 662 2134411
  • direccion@isc.gob.mx

Pareciera que esa línea que nos divide es la que nos une

Pareciera que esa línea que nos divide es la que nos une

 

La línea (2)Por: Carlos Sánchez

De pronto su nombre en el reparto de una obra de teatro, o bien en el montaje de una obra coreográfica.

Abraham Santaolaya es egresado de la Licenciatura en artes de la Universidad de Sonora, de la especialidad en teatro.

Un día lo miré en Casa de la Cultura. Me pareció un acto por demás trascendental estar allí, compartiendo espacio con el mejor actor del reparto de s amaneceres, una película de manufactura sonorense, hecha por La Tuerca Producciones.

Pasaron los días y fui descubriendo a Abraham en una y otra actuación. Hoy lo he vuelto a ver, bailando en La línea, montaje multidisciplinario de Dédalo Producciones.

El punto de partida para esta conversación con Santaolaya, es precisamente esta obra que dirige Pedro Núñez, La línea, un proyecto apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

–Abraham, cuéntame los argumentos por los cuales decidiste aceptar la invitación para participar en La línea.

–Cuando me lo plantearon estuve un poco dudoso por los tiempos, sobre todo en el tema de la frontera que se ha vuelto muy actual, por el presidente de los Estados Unidos y que es algo que tenemos muy en corto, como dice un amigo: ‘tenemos más que ver con gente del otro lado que con gente del sur y ellos con gente del norte, de su propio país’. Pareciera que esa línea que nos divide es la que nos une. Me pareció interesante porque es un buen tema y no sé cuánta gente lo ha abordado, ni de qué manera. La línea me pareció una buena oportunidad para hablar de eso.La línea

–Como profesional del escenario, ¿qué te ha aportado este trabajo?

–De entrada la conciencia de eso que siempre ha estado allí y que no lo tomas en cuenta porque siempre está y de un poco la forma de vida que da esa misma frontera, esa división. Todo mundo tiene algún amigo o un pariente del otro lado y está siempre esa barrera de ‘no puedo ir para allá, no pueden venir para acá’; hacer tangible la conciencia.

Como intérprete siempre es un gusto estar involucrado en un trabajo dancístico; siempre agradezco que me inviten a bailar porque no soy propiamente un bailarín, pero parece que tengo características que funcionan para eso.

–¿Cuál es el momento de clímax, personal, en este trabajo?

–Hay dos momentos importantes para mí, uno que es el cruce legal en donde hacemos este tipo de puertas giratorias, pero que a la vez nos estamos tomando de la mano, de los brazos, casi todo el cuadro, que para mí simboliza la unión de los connacionales allá o aquí, pero creo que allá aunque te encuentres con alguien de otro estado de la república, con el solo hecho de ser mexicano creo que ya hay una conexión y disposición de echarle la mano o pedir que te la echen. Me parece que es importante y bonito. Mi hermana está allá y tiene mucha relación con gente del sur y dice que cuando llegó a Estados Unidos la acogieron como parte de la familia, creo que tiene que ver con esa condición de que ‘no hay más gente como yo, entonces a los que llegan los trato como a mi propia familia’.

–A partir de esta experiencia, ¿cambia tu visión, tu reacción, para con los migrantes?

–Sí, como te decía lo de la conciencia, viene un poco de ahí, de ser empático y ponerte en su situación y decir: ‘está buscando una mejor vida, está pasando por ese martirio que es pasar por México’, es bien sabido que para un migrante centroamericano es lo peor pasar por este país, entonces sí termina uno haciendo empatía con ellos, aunque igual uno no puede hacer mucho por ellos. La empatía es lo que más me ha aportado mi participación en La línea.

–No obstante tener una trayectoria construida como bailarín, de pronto dudas de tu profesión como bailarín. Lo dices; sin embargo, bailas. ¿Cómo es que te inicias en esta carrera de danza?

–Creo que estuve en el momento correcto, en el lugar correcto: en un convivio en la casa de Miguel Mancillas (director de Antares), él comenta que va a reponer Tiro al blanco y me pregunta si le quiero entrar. Le dije que no pero insistió y puedo presumir que Miguel Mancillas me rogó para que bailara. Terminé accediendo, me gustó y a partir de ahí me empezaron a llamar otras compañías. He tenido trabajo constante tanto en teatro como en danza.

–Y algunos premios. ¿Qué son los premios, cómo los asumes?

–Lo mismo: estar en el lugar correcto, en el momento correcto, porque no es que yo sea el mejor bailarín en determinado año, sino que en ese momento los miembros del jurado vieron que yo destacaba de alguna manera y no había alguien que lo hiciera más, entonces me tocó a mí. Así de simple.

–¿El trabajo de actor y el de bailarín, se viven con la misma pasión?

–Las dos son de mucho rigor, pero la danza la vivo con más libertad. No sé si sea porque tengo la formación de actor que siento como que lo debo tener más sistematizado, y en la danza, como no tengo esa formación propia, la puedo vivir un poco más relajada entre comillas.

Una vez una amiga me preguntó que si porqué había estudiado teatro, le contesté no lo sé. Dijo: Sí lo sabes. No le pude contestar en ese momento, pero luego la respuesta me llegó cuando pensé: ¿por qué bailo? Epifanía: porque me puedo expresar de una manera que en la vida cotidiana no lo puedo hacer, soy una persona muy física, por eso bailo, aunque no sea bailarín, la danza me permite expresarme de una manera que no se puede en la vida cotidiana. También el teatro te permite hacer otras cosas que en la realidad no eres.

–Volviendo a La línea: ¿este trabajo podría ser que marque un hito en tu vida?

–Diría que está por verse, dependiendo del impacto que pueda provocar.

–Recientemente realizaron una gira, ¿qué momento identificas en el que la gente se conectó más?

–En Nogales, ciudad fronteriza, fue la primera función y en La línea es mostrar el día a día; ahí se nos acercó una señora en un bar, nos felicitó mucho, primero nos mandó una canción con unos músicos taca-taca, luego nos invitó una ronda de cerveza a todos. Allí fue donde concluí: esto sí impacta. La gente se identifica con lo que está viendo.