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La línea: fronteras que nos habitan

La línea: fronteras que nos habitan

Este montaje interdisciplinario que expresa la cultura, situación y vivir de los puntos que toca la línea Dédalos, La Línea (2)fronteriza entre México y Estados Unidos.

 La línea: fronteras que nos habitan

 Carlos Sánchez

Desolación

 El cuerpo es una herramienta para decir. Dédalo Artes Escénicas nos convoca a la intromisión, desde la mirada, a esos mundos donde parecería que todo es instante.

La tan cercana y conmovedora historia de La línea, esa frase que nos divide y nos seduce una y otra vez, es el tema. Los bailarines que prestan sus cuerpos a la búsqueda del otro lugar dónde habitar, el salto del muro, la ilusión de llegar para superar lo que atrás, en este otro país, se deja por necesidad.

Sin panfleto, lo dicen los bailarines, con la actitud de un migrante, con la pasión de un artista que desea encarnar la realiDédalos, La Líneadad para ponérnosla sobre la mesa. Golpearnos quizá con esos mundos que desconocemos. Acariciarnos, también, con la habilidad del cuerpo que por momentos se nos ofrece candente, erótico, libre. La música: gran acierto en cada uno de los instantes.

Tiene la creatividad, esta coreografía, de la construcción del ritmo desde el cuerpo, las notas que marcan los pies sobre la duela, a manera de llamado hacia el inicio de una guerra interior; una guerra contra el cuerpo que quién sabe si resistirá el próximo paso para llegar a la meta.

Al ser testigo, de esta propuesta, el espectador tiene la oportunidad de inmiscuirse en el corazón del desierto, o bien al interior de esos campos donde los migrantes son pieza fundamental para la cosecha y la acumulación de divisas que algún día, en cualquier momento, llegarán al país.

Lo hacen, loDédalos, La Línea (3)s campesinos, con la comunicación entre ellos, evocación inminente de la época donde las personas se comercializaban, portaban un grillete y se les conocía como esclavos. Lo hacen sin perder jamás la alegría. También de pundonor se canta. Se baila. Y un solo de acordeón, en vivo. Ajúa.

La expresión corporal en cada uno de los actores, bailarines, es la convicción de lo que se propone. Me pregunto ¿cuánto tiempo les llevó este montaje?, ¿de qué elementos se nutrieron para sentir y hacernos sentir la diversidad de emociones que en esta propuesta confluyen?

Del otro lado de la línea, acá en la butaca, el espectador no puede evitar el deseo de salir corriendo, porque las preguntas lo hacen presa. ¿Qué tiene qué padecer un ciudadano para decidir dejar su patria, su identidad? Quizá sea que quien no tiene nada que perder, todo lo deja. Urgencia de encontrar.

Regocijo

Cuando digo sin panfleto, lo digo a manera de gratitud. Porque en el arte, en la vida, no es necesario obviar los caDédalos, La Línea (5)minos para tocar el interior de quien mira.

 La línea, me queda claro, es un trabajo pensado siempre en la capacidad de inteligencia del espectador. Los bailarines se brindan con potencia. En cada uno de sus movimientos habita el compromiso. Se entregan por completo, desde la mirada y hasta el último resquicio de su corazón.

Hay en esta propuesta, la vuelta de tuerca, la felicidad del consumismo: ¿por qué no? El baile después de las tres que es la hora de la raya. La embriaguez de felicidad a ritmo de libertad. El shopping que somos los que podemos y asistimos cada fin de semana al otro lado, a comprar que es un placer.

La cercanía con el espectador es un regalo precioso. Porque en la Línea se baila. Y uno se siente parte del montaje, uno es parte del mismo. Esa fuerza seductora del ritmo nos abraza el deseo de brincar la frontera, e instalarnos también en la alegría de la danza.

Qué obra inmensa es el cuerpo. Con una sonrisa dibuja la sensación de libertad, con una mueca nos conduce hacia el dolor, o bien puede suceder que ante un movimiento uno se cuestione a sí mismo: ¿Qué hago aquí?

La línea nos lleva hacia esas fronteras que nos habitan. Con alegría nos informa que hay instantes en la vida en los que no debería existir la palabra indecisión.

 

Créditos

Dirección: Pedro Núñez. Coreografía: Manuel Ballesteros en coautoría con Dédalo Artes Escénicas. Composición sonora: Roberto Mendoza. Visuales: Jerry Audiffred. Diseño integral: Ramiro Airola. Intérpretes escénicos: Ramiro Airola, Zuleima Burruel, Christian Durazo, Yazmin Gutiérrez, Pedro Núñez, Marlene Coronel, Abraham Santaolaya y Samanta Torres. Intérpretes sonoros: Roberto A. Mendoza López, Benjamín Rivera Cruz, Miguel Ángel Covarrubias y Juan Eduardo García Tello. Asistente general: Caro Ferrá. Asistente de dirección: Mirna Estrada. Técnico general: Harold García Sandoval. Proyecto apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.