• Instituto Sonorense de Cultura

  • 01 662 2134411
  • direccion@isc.gob.mx

Siempre me impresionó la fotografía, soy un adorador de la naturaleza: Dr. Gastón Cano Ávila

Siempre me impresionó la fotografía, soy un adorador de la naturaleza: Dr. Gastón Cano Ávila

Abre las puertas de su casa. Allí mismo abre la memoria como equipaje.

En él habitan los recuerdos del Hermosillo que se nos fue. También hay un rincón para la nostalgia.

Gastón Cano Ávila es Doctor de profesión. Filántropo y constructor de un acervo amplio de fotografías.

En el interior de su hogar, donde creció y donde a sus noventa años, permanece, existe la memoria gráfica. La colección de cabezas de venado, de cuando él era cazador. Y un sin fin de libros.

Ahora que ha decidido donar más de diez mil diapositivas a Instituto Sonorense de Cultura, imágenes que guardan la historia de Sonora, flora y fauna, ciudad y sociedad, comunidades indígenas, nos disponemos a conversar con el Doctor.

Una de las preguntas casi obligadas es: ¿Qué es lo que usted quisiera que se hiciera con las diapositivas que ahora está donando?

“Que las consulten distintos especialistas, que las consulten entomólogos para que vean viudas negras y alacranes, que las vieran botánicos para que vean las flores del desierto. Que las utilicen para publicaciones del Gobierno. Hay muchas cosas útiles para la sociedad, que pueden sacar de esas imágenes”.

 

–¿Cuándo inicia el proceso de compilación y porqué decidió hacer estas diapositivas?

–Siempre me impresionó la fotografía y soy un adorador de la naturaleza. Yo dormí en el monte por lo menos la cuarta parte de las noches de mi vida, en el suelo, en el monte, donde quiera.

Últimamente me fui haciendo más comodino y buscábamos un ranchito para dormir o comprábamos carpas mis compañeros y yo, mis compañeros eran mis hermanos y posteriormente mis sobrios. Quería captar aquellas escenas que me impresionan tanto, me he paseado por toda la sierra madre en caballo, tomando fotos de cosas de los indígenas, que siempre han llamado a mi atención.

Tengo estudios de antropología social, soy médico y tengo una maestría en salud pública, pero me llamó la atención la botánica, la zoología. Así que en la sierra tome fotos de pinos, piezas arqueológicas de los ópatas y algo que quedó de los apaches.

 

–¿Cuándo fue su primer encuentro con la cámara y cómo fue?

–La primera cámara que tuve se la regalé a Memo Moreno, me costó dieciocho pesos en una boutique en México. Fui a Chiapas y a Tabasco, anduve tomando fotos de la naturaleza, tengo una foto de un mono araña brincando de un lado a otro con la colita enroscada.

Yo venía muy impresionado pero decía: no lo que yo quisiera es estas fotos de colores, para poderlas amplificar y tomar trasparencias. Porque esa camarita no las tomaba, apenas empezaba.

 

–¿Por qué tomar transparencias?

–Porque las podía proyectar, tenía dos proyectores de carrusel. Yo daba conferencias de salubridad por todo el estado y llevaba transparencias de picaduras de animal, poliomielitis, etcétera. Me servían mucho para mis clases, los grupos indígenas, los Seris pescando cahuamantas, los Pimas en Maycoba manejando los maizales, hurtando elotes, muchas cosas que solo en transparencias salen bien y se pueden proyectar del tamaño que quiera.

 

–¿Qué significa ser hermosillense por usted, está en paz con esta ciudad?

–Estoy perfectamente en paz, tengo mucha honra por mi familia, la familia Ávila. Somos tres gentes que tenemos una calle con nuestros nombres. La calle que sigue inmediatamente después del boulevard Serna: Jesús María Ávila, era mi abuelo. Luego en la colonia Balderrama hay una calle Clemente Ávila, era hermano de mi mama y en la colonia Altares: Doctor Gastón Cano Ávila, yo no sé qué hice para eso pero le dieron mi nombre a la calle.

Me llamaron del Ayuntamiento diciendo que me darían una sorpresa, pasó como un año y un amigo me dijo: te voy a llevar a pasear a la colonia alteres. Me llevó y se paró en la esquina de la Doctor Gastón Cano Ávila

 

–¿A sus noventa años que es lo que lo hace feliz?

–Muy lamentablemente no me casé, reconocí un hijo que sí es mío. Algunas mujeres que no conozco, me acuerdo de una enfermera del Seguro Social que decía tener un hijo mío, pero yo dije: esa mujer ni siquiera se quién es.

La madre del hijo que reconocí había muerto, un paciente mío me preguntó si conocía a una enferma con dicho nombre, le dije que sí. Después me preguntó si conocía que tenía un hijo, yo no sabía. Un día la vi que se subía a un camión vestida de enfermera y embarazada, pero fue todo. Su embarazo había sido hace cinco años y el niño se parecía mucho a mí. Yo no quería conocerlo, porque antes había querido colgarme milagritos, pero un día me lo llevaron y no me quedó la menor duda, era igualito a mi mamá, a su familia. En costumbres, gusto, le gusta mucho la fotografía, a él le regalé la cámara y le tenía miedo.

Del lado del apellido paterno no tengo de que quejarme, mi padre era de Jalisco, llegó a Sonora en 1907, aquí solo tenía un hermano. Ganó una medalla por la campaña del Yaqui.

Por el lado de mi madre es donde tengo mucha familia. Procedemos de Villa de Seris, de los Ávila. Por todos los pueblitos del Rio Sonora hay gente con apellido Ávila y casi todos con ojos verdes, así era mi abuelo.