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Es un reconocimiento que viene de la comunidad teatral, cosa que me entusiasma mucho

Es un reconocimiento que viene de la comunidad teatral, cosa que me entusiasma mucho

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Sergio Galindo recibe la Medalla Xavier Villaurrutia

Texto: Carlos Sánchez /Foto: Juan Casanova

De pronto la noticia se convierte en alegría, celebración, incentivo.

Sergio Galindo, el dramaturgo, el director, el actor sonorense, recibe la distinción de la Medalla Xavier Villaurrutia. La presea se entrega en el marco de la XXXVII edición de la Muestra Nacional de Teatro a realizarse en San Luis Potosí.

En el marco de la Feria del Libro Hermosillo 2016 (FELIH), luego de concluir la presentación de la obra de teatro Las bodas de Camacho el rico, En Teatro de la Ciudad de Casa de la Cultura de Hermosillo, en el contexto del programa de celebración de los cuatrocientos años del deceso de Miguel de Cervantes de Saavedra, y a manera de homenaje, Sergio atiende esta conversación, todavía con el vestuario, con la adrenalina que inyecta el escenario.

–Sergio, recién concluyes de hacer lo que amas, la actuación, con esta euforia que despierta el dar vida a otros seres, platícanos sobre tu reacción al saber que eres ganador de la Medalla Xavier Villaurrutia.

–Para empezar ese nombre pesa: Xavier Villaurrutia, ese gran poeta, dramaturgo, perteneciente al grupo de los contemporáneos, y entre otras muchísimas cosas, fue un gran fomentador de las artes escénicas, del teatro, y por eso el Instituto Nacional de Bellas Artes ha puesto el nombre a esta medalla. Con ella reconoce la trayectoria de gente que fomenta el teatro: dramaturgos, directores, de todo el fenómeno teatral, y la aportación al teatro nacional.

Es un reconocimiento que viene de la comunidad teatral, cosa que me entusiasma mucho, que lo platica, lo consensa con Bellas Artes y Bellas Artes da su anuencia, su aprobación, y en este caso según la llamada que me hizo el coordinador de teatro, el maestro Juan Meliá, lo hicieron con un gran beneplácito, y eso me enorgullece mucho y al mismo tiempo me cohíbe porque si tú ves hacia atrás y ves a quienes me antecedieron en esta medalla, pues hay nombres de maestros, de investigadores, de críticos, dramaturgos, a los que admiro y respeto mucho. Eso me hace sentir un poco cohibido pero no me quita la alegría de ninguna manera, me siento muy contento por eso.

Hace cuarentaicinco años que estoy metido en el teatro, y si pensamos que la mitad de ese tiempo por lo menos transcurrió sin las llamadas redes sociales, pues entonces me siento sorprendido por esta distinción, no pensé que alguien se fijara en lo que yo estoy haciendo en esta América septentrional incógnita como la llamaba el Padre Kino.

–Al recibir esta noticia ¿en quién piensas, en Octavio tu hermano, en tus hijos?

–Pienso en muchísima gente. Pienso en Octavio mi hermano que fue cabeza de playa en esta loca aventura teatral que por fortuna y venturosamente debo decirlo, ha permeado en la descendencia familiar. Desde luego pienso en mi mujer, Paula, quien con esa inteligencia serena, en ese mundo de la plástica donde yo siempre he encontrado la luz, ella me ha apoyado siempre. Pienso en mis hijos, Ana Paula, Paulo Sergio, María Fernanda, que son muchachos muy comprometidos en su quehacer artístico, y de una gran vitalidad y creatividad con la que yo me intento contagiar todos los días.

–¿Esta presea resulta una aportación para el gremio teatral de Sonora?

–Desde luego que lo siento así. En primer término para quienes han integrado esta Compañía Teatral del Norte que está cumpliendo veinte años de andar en esta brega, a quienes la antecedieron, a quienes le dieron origen donde germinó en aquellas muestras regionales de teatro que impulsó el gran Oscar Liera, que fue cuando lo conocí y compartimos esta visión del teatro del noroeste.

En aquel tiempo estaba mi querido Jesús Ochoa. Y desde siempre ha estado a mi lado y siempre con una generosidad incalculable mi querido maestro José Ramón Enríquez.

–En tu trabajo es permanente la apuesta a la identidad, a lo que eres, de dónde vienes.

–Ocurre que yo me vine de la ciudad de México para vivir donde viven mis personajes, o ellos me llamaron, no sé. Y siempre preocupado por el mundo que me rodea, el mundo más próximo, donde viven mis personajes y dónde está ese lenguaje que desde muy niño me cautivó y me hizo viajar e imaginar un mundo mucho menos complicado, más sencillo, donde la palabra tenía la medida exacta de lo humano, ese mundo en el que me quedo, con el que decido hacer mi vida, escribir y seguir haciendo teatro.

–Recientemente, la obra de teatro Las bodas de Camacho el rico, se presentó en el Festival Cervantino, en Guanajuato, cuéntanos cómo les fue, cómo se sintieron.

–Fue muy interesante experiencia, grata, emocionante. En primer lugar participar del homenaje más grande que se ha hecho en el mundo, a los cuatrocientos años de su muerte de Don Miguel de Cervantes, hay quienes hoy con todo orgullo y honestidad le antecedemos ese don que en su tiempo se le negó a Don Miguel, pues fue una gran experiencia, eso nos llenó de satisfacción, que parte de esta trilogía que está basada justamente en El Quijote de Don Miguel, fuéramos invitados como sonorenses, como grupo del noroeste, a participar en este gran homenaje.

–Sergio, antes de concluir, por favor, dinos lo que tú desees.

–Estoy agradecido, emocionado, estamos terminando una función y eso me llena de alegría porque es una cosa tras otra en lo que como tú dices me apasiona, y lo que sí puedo decir y decirle a nuestro público, es que estoy muy agradecido, especialmente con el público sonorense, que ha sido el público que nos ha permitido resistir, crecer, y reproducirnos.

Entonces muchas gracias de veras al público sonorense al que sentimos nuestro. En todos estos años hemos intentado siempre lograr una mejor comunicación con él, a esos nos hemos dedicado, y lo que puedo decirles es que en algo ha fructificado este esfuerzo con el recibimiento de esta presea y que lo hago, sinceramente, en nombre de todo este público. Muchas gracias.